Conversamos por Facebook Live con la Dra. Migna Rivera García, directora del Programa Graduado de Consejería Psicológica de la Universidad Albizu, y con la psicóloga Myriam Pérez Ruiz, sobre las maneras sencillas de practicar la gratitud todos los días, gracias al apoyo de FHC First Healthcare. ¡Sintoniza a través del Facebook de Es Mental o de FHC – Salud Mental!
Practicar la gratitud todos los días es posible, y existen maneras sencillas de hacerlo, que van desde la meditación hasta escribir notas de agradecimiento. Poner en práctica la gratitud tiene beneficios para la salud física y mental de las personas.
Pero, ¿qué es la gratitud y cómo nos beneficia?
Según la doctora Migna Rivera García, directora del Programa Graduado de Consejería Psicológica de la Universidad Albizu, la gratitud se ha estudiado por la disciplina psicológica, con diversos acercamientos, siendo uno de ellos la gratitud como una forma de expresión de aprecio por la tenencia de lo que se tiene.
“Además se valoriza como una emoción social que fortalece las relaciones interpersonales”, añadió.
Otro acercamiento, indicó, “es que las expresiones de gratitud fortalecen nuestra mentalidad de encontrar lecciones positivas. Eso no quiere decir que invisibilicemos las circunstancias contextuales; sino que tengamos conexión con el mundo que nos rodea, en el hoy y el ahora”.
Por su parte, la psicóloga Myriam Pérez Ruiz dijo que “la gratitud puede entenderse como un estado emocional y una actitud mental que nos permite reconocer y apreciar las cosas buenas que ya habitan nuestra vida, desde lo cotidiano hasta lo profundamente significativo”.
Sostuvo que, al dirigir la atención hacia aquello que nos sostiene, personas, momentos, recursos, aprendizajes, la gratitud ofrece una percepción renovada de nuestras experiencias, amplía la perspectiva y fortalece la conexión con los demás.
Agregó que “esta práctica no solo incrementa la satisfacción con la vida, sino que actúa como un antídoto ante el sesgo natural de la mente hacia lo negativo”.
“En lugar de centrarnos exclusivamente en lo que falta o en lo que aún no hemos logrado, la gratitud nos ancla en lo que sí está presente, favoreciendo un estado emocional más equilibrado y disminuyendo la reactividad ante las dificultades”, sostuvo.
Mencionó que las investigaciones han revelado que la gratitud no es un pensamiento optimista más, sino que es una emoción que se vive en el cuerpo, una habilidad que se fortalece con la práctica y, eventualmente, una forma de estar en el mundo. Indicó que Emmons y McCullough han mostrado que, cuando la cultivamos de manera constante, transforma nuestra experiencia: aumenta el bienestar, nutre las relaciones y sostiene una regulación emocional más estable y compasiva.
“A mí me gusta decir que la gratitud es, en esencia, una práctica de sabiduría. No porque niegue el dolor o lo difícil, sino porque nos permite mirar la realidad con más amplitud, reconociendo los aspectos que sostienen, acompañan y nutren incluso en los momentos de mayor desafío. Cultivar gratitud es cultivar claridad”, expresó Pérez Ruiz.
Rivera García agregó que otro de los beneficios poderosos de la gratitud es sentirse bien de manera integral. Indicó que los estudios revelan una relación positiva entre la gratitud, el bienestar psicológico y la felicidad o la gratitud y la salud física y emocional.
La también psicóloga y trabajadora social aseguró que se puede practicar la gratitud, a pesar de las circunstancias difíciles.
“Ante el panorama de incertidumbre que experimentamos en el país, con el auge de violencias, entre ellas, la violencia de género, no podemos perder la esperanza que un mundo mejor es posible. Practicar la gratitud en circunstancias difíciles y de adversidad son aquellos esfuerzos que como personas, colectivos y comunidades podemos lograr. El trabajo en redes y alianzas que salvan vidas de mujeres y niñeces son esfuerzos colectivos. Me gustaría pensar, que lo que nos incómoda, nos lleve a realizar los cambios necesarios para las nuevas generaciones”, manifestó Rivera García.
¿Cómo podemos practicar la gratitud?
Rivera García recomendó practicar y cultivar la gratitud a nivel individual y colectivamente, desarrollando prácticas en la rutina diaria y sumarlas en los grupos con los cuales nos relacionamos.
Recomendó algunas prácticas relacionadas con la gratitud individual, como usar la meditación, ejercicios de yoga, caminar, escribir un diario reflexivo o escribir notas de agradecimiento, crear un espacio visual de gratitud con fotos y otros objetos que nos recuerden porque damos gracias, pintar, entre otros.
“Todas son formas que aportan a sentirnos bien y conectados con nosotros y nosotras, otras personas y el mundo que nos rodea”, aseguró.
Por su parte, Pérez Ruiz aseguró que practicar la gratitud todos los días no tiene que ser complicado.
“Podemos integrar en lo cotidiano a través de pequeñas acciones que entrenan la mente para notar lo que ya está presente y nos sostiene. Una forma sencilla es comenzar o terminar el día nombrando tres cosas por las que estás agradecida. Otra alternativa que utilizo mucho es escribir diez cosas pequeñas, una por cada dedo de la mano, que generalmente pasas por alto, pero que te hacen bien. Este ejercicio ayuda a contrarrestar el sesgo negativo natural del cerebro y a dirigir la atención hacia lo que sí funciona”, aconsejó Pérez Ruiz.
También, recomendó hacer una pausa consciente para saborear algo cotidiano, como una taza de café, una conversación agradable o un instante de calma.
“Saborear es simplemente permitirte estar unos segundos con una experiencia placentera antes de soltarla. La ciencia ha demostrado que este gesto tan simple puede aumentar la felicidad y la satisfacción con la vida”, aseguró la psicóloga.
“Y algo que considero esencial: reconocer una cualidad, un esfuerzo o un gesto propio del día. Muchas veces agradecemos lo que nos rodea, pero olvidamos agradecer lo bueno que también surge de nosotros. Practicar autoaprecio es una forma de corregir la autocrítica excesiva y cultivar la autocompasión, es decir, una relación más amable con nuestra propia historia”, agregó.
“Al final, no es la duración de la práctica lo que marca la diferencia, sino la intención y la consistencia. Cuando hacemos el diario de gratitud, ejercicios de autoaprecio o de saborear, lo que estamos haciendo es repetir estados. Y cuando un estado se repite muchas veces, se convierte en un rasgo, es decir, en una manera más estable de ser, es una manera de estar en la vida”, puntualizó Pérez Ruiz.
El mindfulness y la gratitud
Según Pérez Ruiz, se puede practicar la gratitud a través del mindfulness.
“El mindfulness es una vía natural para cultivar la gratitud porque nos entrena a estar presentes y a notar lo que ya está ocurriendo en nuestra vida, sin darlo por sentado. Cuando practicamos el mindfulness o la atención plena, afinamos la capacidad de reconocer las experiencias agradables y los pequeños momentos de bienestar que suelen pasar desapercibidos en el ritmo acelerado del día”, explicó.
Indicó que la ciencia muestra que el mindfulness y la gratitud se complementan y se refuerzan mutuamente, ya que el mindfulness provee la claridad necesaria para ver lo que está presente, mientras que la gratitud dirige esa atención hacia los múltiples factores, internos, externos y relacionales, que sostienen la vida de las personas. Sostuvo que a través del mindfulness también se puede aprender a “saborear lo positivo, a permanecer unos segundos con una experiencia agradable antes de que la mente pase a lo siguiente, lo cual amplifica la gratitud de manera orgánica”.
“En esencia, el mindfulness es claridad, y la gratitud es una forma de mirar con esa claridad. Por eso son prácticas hermanas: una abre el espacio y la otra lo ilumina, generando juntas un impacto profundo en la regulación emocional y en el bienestar general del ser humano”, concluyó Pérez Ruiz.




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