El diccionario Oxford lo define como “la práctica de los televidentes de cambiar rápidamente de canal mediante un control remoto, especialmente durante las pautas publicitarias”. También se asocia a la acción de silenciar el audio durante los anuncios, mientras otros simplemente lo conocen como “la mente zapping” o el saltar de un pensamiento o estímulo a otro, sin enfocarse profundamente en alguno, generalmente por el bombardeo constante de información digital.
“Como la televisión es uno de los medios que más tiempo lleva, se conoce así (zapping), pero no es necesariamente algo nuevo. Es que simplemente ahora mismo tenemos una tendencia de querer ponerle nombre a las cosas”, comentó la doctora Karen Martínez, directora del Departamento de Psiquiatría del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.
La psiquiatra especialista en niños y adolescentes advirtió que estar cambiando de un canal a otro puede ser una acción normal de alguien que simplemente esté buscando algo con qué entretenerse. No obstante, reconoció que también puede ser una señal de impulsividad, y señaló que en algunos casos también se asocia con el Trastorno de Déficit de Atención.
“Son señales de que no puedo aguantar (la atención), que, si esto ya no me gusta, lo cambio, lo cambio, lo cambio. No me dejo oportunidad de (observar) lo que veo frente a mí y lo cambio (rápidamente)”, dijo.
Advirtió que el zapping también podría estar asociado con la pobre tolerancia al aburrimiento, lo que destacó es una acción muy propia de la generación actual.
“Como ya niños, adolescentes y universitarios han crecido con estas aplicaciones, donde todo es inmediato y pueden cambiar (rápidamente) de una cosa a otra, ha llegado al punto de que no tolero estar aburrido y necesito estar haciendo algo que me entretenga”, sostuvo.
Esto, destacó, causa preocupación ya que los espacios de aburrimiento son necesarios para fomentar la creatividad, así como ayudar a regular las emociones, especialmente en niños pequeños.
“Tener que lidiar, que resolver, (ante) el aburrimiento es una buena manera de practicar cuando se está triste, ansioso o nervioso. Existe una gran preocupación del hecho de que nuestros adolescentes y jóvenes tengan todo en la palma de sus manos. Que si esto no me gusta lo borro o voy a otro (contenido). Entonces, no da oportunidad al aburrimiento. Por eso también hay tanta depresión y ansiedad”, dijo.
Ante esta conducta, indicó, hay muchas series y programas que no lanzan todos los capítulos a la vez, sino una vez a la semana. De los mismos jóvenes, sostuvo, hay un reconocimiento de que no es saludable recibir todo el contenido junto o de forma inmediata.
“Es importante desarrollar la paciencia y manejar el aburrimiento”, puntualizó Martínez.
Un estudio publicado en la revista de la Asociación Americana de Psicología (APA), titulado “Feeds, emociones y concentración: una revisión sistemática y metaanálisis que examina las correlaciones entre el uso de videos de formato corto y la cognición y la salud mental”, analizó 71 estudios y más de 98,000 participantes para medir los efectos de los videos de formato corto en la cognición y la salud mental. ¿Su conclusión? Un alto uso de estas plataformas está asociado a un peor desempeño cognitivo y a un menor grado de salud mental, en jóvenes y adultos.
“Las personas que pasan más tiempo viendo videos cortos tienden a tener más dificultades para concentrarse, un control de impulsos más débil y se sienten más estresadas y ansiosas. Los clips rápidos e interminables entrenan al cerebro para anhelar una estimulación constante, lo que hace que el trabajo escolar, la lectura y la vida real se sientan más difíciles y aburridos”, concluyeron los autores del estudio.
Los vídeos cortos que se comparten a través de TikTok, YouTube u otras plataformas digitales son una forma popular de captar la atención general por la forma llamativa y fácil en que se presentan, reconoció Martínez.
“Pero tan pronto se va lo novel (que se presenta), se va la atención. Por eso, el salón de clases no resulta tan llamativo como el mundo virtual. La maestra está hablando y tengo que esperar. Por eso vemos niños que tienen tanta dificultad adaptándose a la escuela. No logran adaptarse al mundo real”, dijo la psiquiatra.
Ante esta situación, la experta en salud mental insistió en la importancia de enseñar que no todo se adquiere de forma inmediata, así como que algunas veces van a haber momentos de aburrimiento que pueden resultar hasta incómodos.
“Con la pandemia se hizo un poco más difícil la parte de controlar el tiempo frente a la pantalla, especialmente en gente más joven. Pero antes de eso se estaba desarrollando mucha investigación sobre el daño de estar frente a una pantalla conectada al internet, especialmente los primeros dos años (de vida)”, comentó Martínez.
A medida que el menor va creciendo, señaló, se puede ir aumentando el tiempo de consumo digital, recomendando siempre que el contenido sea supervisado por los padres. Pero con la pandemia esos esfuerzos se dificultaron ya que hasta las clases continuaron de forma virtual. Martínez advirtió, además, que un reciente artículo informó que menores expuestos a un celular con internet desde temprano en la vida tienen un mayor riesgo de desarrollar depresión y ansiedad en la adolescencia y la adultez temprana.
“Son herramientas que todos utilizamos y que van a usar los adultos, pero tienen que haber unos controles. Es desarrollar esa introspección de cómo lidiar con el aburrimiento”, dijo.
Dentro de ese análisis, comentó, un red flag sería identificar si está generando irritabilidad.
“Se supone que uno pueda tolerar un tiempo estando aburrido. Pero hay personas que hasta se ven desesperadas, cambiando o moviendo el (contenido de su) teléfono. Si uno ve esa conducta frecuentemente sería un red flag. Si uno se da cuenta, es decir, “espérate, tengo que cambiar esta conducta”. Y si es un hijo y uno como papá no puede controlarlo, pues la recomendación sería, por lo menos, buscar ayuda, primero con un psicólogo o terapista”, dijo Martínez.
Si se observan cambios en el estado de ánimo, problemas de concentración y atención, agregó, ameritaría una evaluación con un psiquiatra para identificar otras posibles condiciones de salud mental en la persona.
El zapping para desconectarse
No se trata solo del cambio rápido de canales o de constantemente estar alimentándose de contenido digital, sino de cómo la persona se relaciona con la información y cómo maneja las emociones dentro de una cultura donde abunda la sobre estimulación, informó Chelsea Serrano, trabajadora social clínica con experiencia en tecnología.
Muchas jornadas laborales se extienden durante largas horas frente a una pantalla, sostuvo. Entonces el zapping emerge en muchas personas como una estrategia cotidiana de desconectarse del malestar y del estrés diario, comentó Serrano, quien destacó que esta acción surge como una pausa o desconexión mental. Esto, coincidió, afecta la capacidad de atención y aumenta la ansiedad, el cansancio y las emociones. El resultado, comentó, es que muchas veces la persona termina con más estrés, frustración, cansancio y agotamiento.
“Cuando se salta de un estímulo a otro el cerebro no tiene tiempo para procesar lo que piensa. Hay una sobrecarga cognitiva y se dificulta el estar en el aquí y ahora. Es una forma de regular emociones de forma evitativa. El cambio constante de contenido puede ser una manera de no enfrentar situaciones, incluso tristeza, soledad y vacío”, expresó.
La experta en realidad virtual y ética digital comentó que las personas necesitan herramientas para manejar las emociones y el uso adecuado de la tecnología. En menores, coincidió, la situación se complica cuando se exponen temprano al mundo digital.
“Más que controlar o prohibir el uso de la pantalla, lo recomendable es conversar en el hogar cómo se encuentra el cuerpo y mente (del menor) y mucha educación”, dijo.
Aunque resaltó en la importancia de la responsabilidad social y la ética de las plataformas digitales, Serrano reconoció que los algoritmos están diseñados para captar la atención, lo que dificulta el autocontrol. Por eso, subrayó, urge la educación digital, la creación de políticas públicas y un diseño tecnológico más humanizado.
“No es eliminar la tecnología. Es convivir con ella más conscientemente, aprender a pausar y convivir con nosotros”, sostuvo.
Cuando se afecta el sueño, la atención, las relaciones interpersonales y la socialización, dijo, son señales de alerta. El peligro, subrayó, es cuando el uso de la tecnología es la única forma de distracción de la persona, de relajarse, de “no sentir”.
El “zapping”, coincidió, no se limita al cambio rápido de canales televisivos, sino a cualquier otro espacio virtual, incluyendo las redes sociales. El riesgo, insistió, es cuando se usan para evitar pensamientos o la soledad.
Destacó, además, que muchas personas pueden recurrir a la tecnología como una forma de escape, especialmente después de una mala semana o un mal mes. Como es una conducta que recientemente se ha identificado puede ser riesgosa, dijo, actualmente no hay un diagnóstico o trastorno relacionado. El peligro mayor, resaltó, es el comportamiento detrás: el no saber bregar con las emociones, como la soledad y el aburrimiento.
Muchas veces la persona no reconoce que necesita ayuda hasta que un tercero se lo advierte. Entonces comienza la introspección, sostuvo.
“A las familias y a las amistades, es importante que estén alertas. Si vemos a alguien constantemente en el teléfono, que ya no socializa y está cada vez más aislado, es importante darle la recomendación de que busque ayuda”, concluyó.


![Lo que heredamos sin saberlo: la importancia de explorar la historia familiar en terapia [Columna] historia](https://www.esmental.com/wp-content/uploads/2026/10/shutterstock_2756549853-218x150.jpg)


