Las relaciones instrumentales, en las que una persona busca obtener vivienda u otros beneficios materiales sin revelar sus intenciones; las relaciones por necesidad o supervivencia, motivadas por la falta de recursos o de un hogar estable; y las relaciones de dependencia o control, en las que la vivienda se utiliza para ejercer presión sobre la pareja, son tres escenarios que pueden relacionarse bajo el término hobosexualidad, puntualizó la psicóloga licenciada Jennifer Castro, de PSYQ- group.

“No es lo mismo que la otra persona sepa cuáles son tus carencias o tus necesidades” y decida ayudar, que obtener alojamiento “bajo engaño, bajo mentiras”, sostuvo Castro.

La dependencia habitacional puede generar ansiedad, inseguridad, culpa y miedo a perder la estabilidad, dijo. Quien necesita un techo puede sentirse obligado a demostrar cariño, mantener la intimidad o sostener una fachada para evitar quedarse sin hogar. La otra persona, si desconoce las motivaciones de su pareja, puede experimentar desconfianza, rechazo, frustración, tristeza y coraje.

Para el psicólogo clínico Giancarlo Cancel, la dependencia habitacional puede condicionar las decisiones sentimentales sin que esto implique necesariamente una incapacidad para razonar. Una persona puede reconocer que ya no está satisfecha con su relación y, aún así, permanecer en ella porque separarse supone asumir un alquiler, mudarse o quedarse sin vivienda. “En ocasiones está respondiendo a circunstancias materiales que limitan sus opciones”, sostuvo.

Cancel señaló que la función que cumple la relación permite comprender mejor estas dinámicas. “No es lo mismo construir, por ejemplo, un hogar como parte del proyecto de la relación sexoafectiva que establecer una relación, principalmente, para conseguir un hogar”, remarcó. Aunque ambas motivaciones pueden coexistir, propone una pregunta para explorar el peso de las necesidades materiales. “Si mañana esa persona tuviera su propia vivienda, ¿seguiría eligiendo esa relación?”, preguntó al invitar a reflexionar sobre ‘por qué’ está en la relación. La respuesta no determina por sí sola si existe amor, aclaró el experto, pero ayuda a examinar las motivaciones que sostienen el vínculo.

La inestabilidad habitacional también puede afectar a la salud psicológica. Cancel mencionó un estudio de 2026 con más de 1, 600 mujeres que encuentra una asociación entre la inestabilidad habitacional y mayores síntomas de ansiedad y depresión, aunque precisa que la investigación no estudia directamente la hobosexualidad. En este contexto, la seguridad de tener un techo puede coexistir con el temor a perderlo y con la dificultad de tomar decisiones sentimentales sin que las necesidades materiales las condicionen.

Factores que influyen en la hobosexualidad

Entre los factores que influyen en estas relaciones, Castro identificó las dificultades económicas, la falta de redes de apoyo, el miedo a la soledad, la baja autoestima y la dependencia emocional. También, advirtió que no todas las personas entran en ellas por necesidad: algunas buscan deliberadamente dinero, estatus o un determinado estilo de vida. En otros casos, el vínculo afectivo se deteriora, pero el temor a perder la vivienda y tener que empezar de nuevo dificulta la separación.

En una encuesta realizada en 22 países por Habitat for Humanity en 2026, el 7 % de las personas encuestadas afirmó haber recortado al menos un gasto durante el último año para poder pagar la vivienda. Un 33% redujo el gasto en comida, un 32 % recurrió a sus ahorros y un 13% retrasó o evitó atención médica. Aunque la encuesta no estudia las relaciones sentimentales, sus resultados ilustran cómo el coste de la vivienda compite con otras necesidades básicas.

“Cuando una persona depende de la otra para tener un techo, sus decisiones se van a comenzar a ver motivadas por el miedo a perderlo”, precisó Castro. En esas circunstancias, puede evitar expresar sus opiniones, tolerar comportamientos incómodos o complacer constantemente a su pareja. “Una cosa es decidir y permanecer en una relación porque quiero estar con esa persona y otra súper distinta es sentir que no me puedo ir porque no tengo dónde vivir”, subrayó.

Sin embargo, la psicóloga aclaró que el apoyo económico o habitacional no convierte automáticamente una relación en una relación problemática. “Cada pareja tiene su manual”, afirmó, siempre que exista comunicación, respeto y acuerdos. El problema aparece cuando se establece un desequilibrio de poder o una de las partes desconoce las verdaderas intenciones de la otra.

En un contexto de dificultades para acceder a una vivienda, estas relaciones también plantean interrogantes sobre cómo las condiciones económicas influyen en los vínculos sexoafectivos. Sin embargo, Cancel considera necesario evaluar cada situación individualmente y prestar atención a las diferencias de ingresos entre las parejas. Cuando el dinero o la vivienda se utilizan para condicionar decisiones, advierte, puede producirse abuso económico o control coercitivo.

El acompañamiento psicológico permite explorar las necesidades que satisface la relación, reconocer patrones relacionales y establecer límites. También ayuda a desarrollar estrategias de resolución de problemas, comunicación asertiva y planificación para alcanzar mayor estabilidad económica, comentó Cancel.

En el caso de quien proporciona la vivienda, el trabajo terapéutico puede centrarse en identificar sus necesidades y responsabilidades, así como en mejorar la comunicación de límites. El objetivo, enfatizó Cancel, no consiste en juzgar ni decidir por las personas, sino en facilitar relaciones basadas en decisiones informadas y bienestar psicológico.

“Identificando sobre todas las cosas la palabra reciprocidad en todos sus aspectos afectivos, sexuales, de convivencia y todos los intercambios que entran en una relación sexoafectiva”, concluyó.

Asimismo, en terapia, Castro explora qué mantiene a la persona en la relación y qué teme perder si termina. También trabaja la autoestima, el miedo al rechazo y la dependencia emocional, además de identificar posibles situaciones de control o riesgo.

“El propósito terapéutico nunca va a ser decirle a la persona si se queda o se va de la relación. Nosotros somos el GPS. Ellos a final de cuentas son los que toman las decisiones y nosotros recalculamos basado en las decisiones que ellos toman”, aclaró Castro. 

Para Castro, la clave está en recuperar esa capacidad de elección. “El poder más grande que cualquier ser humano puede tener es el poder elegir. El poder elegir y el poder estar y sentirse seguro y en paz”, cerró la experta.