¿Eres de las personas que siempre tiene prisa? ¿O de las que expresa particular preocupación a la hora de concretar algo inmediatamente? Aunque para algunos un sentido de urgencia podría parecer inofensivo en su cotidianidad, esto podría tener repercusiones en la salud mental. 

Es Mental conversó con profesionales de la conducta humana sobre las consecuencias relacionadas a la prisa o la «necesidad o deseo» de efectuar algo con urgencia, definido así por la Real Academia Española. 

Aunque la prisa no representa en sí un diagnóstico de algún trastorno de salud mental, puede expresarse como un síntoma o señal de algún padecimiento de ansiedad o estrés en una persona, según la psicóloga Verónica Gómez Morales

“Cuando hablamos de ese sentido de urgencia de cumplir con algún rol, una tarea, actividad y que se vuelve algo, quizá, urgente y que me hace sentir que no puedo ni tomarme unos minutos de break, esto puede llevar a experimentar un estrés agudo o ansiedad’’, sostuvo. 

La psicóloga clínica, con especialidad en trastornos de ansiedad y pánico, Yashira Brito, coincidió y añadió que las personas que usualmente viven con sentido de urgencia también tienen constante preocupación, irritabilidad, coraje, ira e incluso conductas que pueden poner en riesgo la vida de otros.

“Como conducir a exceso de velocidad o intentar hacer muchas cosas a la vez. Así que detrás de la prisa se ven presentes sentimientos de urgencia, ansiedad y preocupación.  Por estar tan apurados descuidan también su cuidado personal, hábitos necesarios de salud como su alimentación, actividad física y el buen descanso”, destacó. 

De igual forma, el vivir con prisa afecta la salud en general, tanto a la salud emocional como la física, señaló por su parte la psicóloga consejera Nilsa E. Toro.

“Al vivir con prisa tenemos altos niveles de ansiedad y estrés y eso aumenta los niveles de cortisol, la presión arterial aumenta, nos puede dar fatiga, cansancio crónico, insomnio y el sistema inmunológico se ve afectado y estamos más propensos a enfermarnos. Esto genera un desgaste interno y lleva a nuestro sistema nervioso central al límite. Por lo tanto, al sentirnos así, obviamente afecta a nuestras emociones, las cuales se alimentan de nuestros pensamientos’’, manifestó.

Estas personas se caracterizan, además, por ser impacientes, por no poner límites y demostrar constantemente la necesidad de aprobación. Pero, en especial, tener un miedo particular al fracaso, detalló Brito.

“También perdemos contacto con otras personas. Porque vivimos tan de prisa que nos aislamos y no nos tomamos el tiempo de escuchar, de ver a las personas a los ojos, de conversar, de saludar, de platicar. Estamos en automático todo el tiempo. Nos puede alejar, también, de nuestra familia. No prestamos atención a los pequeños momentos’’, agregó Toro. 

Pero, ¿es posible lidiar con la prisa? 

Las profesionales dieron sus recomendaciones para que las personas reconozcan si la prisa está trastocando sus vidas. Y de ser así, brindaron consejos prácticos. 

Gómez Morales aconsejó priorizar y calendarizar lo que verdaderamente se considere importante.

«Al yo tener una estructura, me va a ayudar a mí a fijar la atención en ese trabajo que establecí, por ende, me concentro en eso y me ayudará quizá a reducir distracciones’’, compartió.

Y si de establecer un orden se trata, Brito hizo énfasis en que las personas aprendan a decir  “No” y poner límites, pues al no hacerlo, muchos terminan ocupándose de tareas suyas, pero también las de otros. 

Además, recomendó practicar el mindfulness y vivir en lo que es el momento presente y no el futuro o las tareas que tenemos pendientes.

Brito sumó también no dejar de lado, aún con la excusas de estar ocupados, alimentarse correctamente, descansar correctamente, realizar actividades físicas, pero sobre todo visitar a un profesional de la salud mental. 

“Muchas veces esto puede conducir a trastornos de ansiedad, ataques de ira, ataques de pánico, así que la intervención de un profesional de la salud mental es bien importante’’, concluyó por su parte.

Por otro lado, Toro apuntó a que la idea -compartida socialmente- de que la gente debe “ser productiva’’ ha llevado a que muchos consideren el estar ocupados o vivir con urgencia como sinónimo de esto.  

“Existe un término que acuñaron unos cardiólogos, Meyer Friedman y Ray Rosenman, que se llama la enfermedad de la prisa, pero no es que sea una enfermedad como tal, es que ellos notaron que sus pacientes sufrían de un sentido de urgencia todo el tiempo y ellos definieron un patrón de comportamiento en las observaciones que hicieron de sus pacientes que se caracterizaba por una lucha e intento constante por hacer muchas cosas en poco tiempo, aún cuando no había necesidad», explicó. 

“Cuando vivimos con prisa estamos viviendo con estrés. El estrés es un cansancio mental, una exigencia que nos está llevando al límite de nuestra capacidad emocional y física, creando un círculo vicioso que es aditivo, hasta cierto punto, y después no sabemos cómo parar. (Es) importante detenernos, evaluarnos, porque se nos va la vida y nuestra salud mental y física está en juego. La salud mental es importante», concluyó.