La pandemia del coronavirus provocó el encierro de todos alrededor del mundo. Meses más tarde, los restaurantes poco a poco comenzaron a permitir consumir en su interior. Los cines reabrieron de forma limitada, igual que las galerías de arte, los museos y otros negocios.

Era hora de regresar a la calle a socializar como se pudiera. Entonces, llegó una persona a cenar, pidió su orden y se sentó sola. Disfrutó cada bocado luego de tantos meses comiendo encerrada en su casa. Otra decidió ir al cine. Se sentó en el mejor asiento que encontró y por primera vez en casi un año pudo gozar de una película en una sala. 

Sin embargo, ambas eran observadas de forma rara. Los otros comensales no entendían cómo alguien puede sentarse solo a comer en un restaurante. Otros vieron con pena a quien se reía sin compañía viendo la nueva película de comedia. A ellos no les importó.

Aunque se trate de una historia ficticia, es el día a día para tantos individuos que disfrutan de hacer cosas en solitario. La ciencia no encuentra ningún problema con hacerlo, y hasta invita a salir a pasar una buena experiencia con uno mismo, pero sin llegar a los extremos.

El estudio Inhibido de jugar bolos solo, publicado en 2015, y ampliado con otros ángulos este año, de las profesoras de Mercadeo Rebecca Ratner y Rebecca Hamilton, establece que aquellos que disfrutan estar solos en ciertos eventos pueden llegar a disfrutar más que si tuvieran la compañía de otras personas.

La realidad, dicen, es que, aunque las personas se sienten juzgadas si van solos, logran evitar las distracciones y preocupaciones de estar acompañadas. Entre otras cosas, cuando van con alguien, en lugar de concentrarse en la actividad, se mantienen pensando si la otra persona estará pasando un buen rato, si le agrada el evento o si repetirían la salida juntos.

Estas distracciones les impiden enfocarse mejor en las actividades que tanto pueden gustarles. Así que la mentalidad cambia para aceptar que “me siento cómodo estando solo”, según el estudio.

“En particular, los consumidores parecen sobreestimar en qué medida su disfrute de estas actividades depende de si van acompañados”, sostuvieron en la investigación inicial.

En la extensión del estudio publicado este año, afirmaron “que la falta de claridad sobre los intereses de un compañero puede distraer a los consumidores, lo que les dificulta concentrarse en la actividad compartida y reduce su disfrute de las experiencias compartidas en relación con las experiencias individuales”.

Cuidado al estar todo el tiempo en soledad

No hay nada negativo en tener espacio para compartir con uno mismo, siempre que no raye en la soledad extrema.

“Crecemos con un constructo de que somos seres sociales por naturaleza y no estamos adaptados a sobrevivir de forma individual. Obviamente, la socialización es un detalle importante que debemos emplear, pero la soledad hasta cierto punto es necesaria porque no hay forma de que la persona pueda conocerse a sí mismo, que pueda lograr su autorrealización”, dijo a Es Mental la candidata doctoral en psicología clínica de la Pontificia Universidad Católica, Ivannys Cappas.

Sin embargo, la especialista en prevención del suicidio y conductas destructivas en jóvenes, que forma parte de la Clínica Interdisciplinaria de Servicios a la Comunidad de la institución, advirtió que “hay que ver hasta qué punto esta soledad se vuelve crónica”.

“Se van a afectar nuestras relaciones en todos los aspectos. Vamos a tener una incapacidad de conectar con otras personas, nuestras relaciones van a ser bien superfluas. No vamos a tener un compromiso con nuestros amigos y familiares, ni a quién expresar nuestras emociones, todo lo que nos dirige a una posible depresión”, sostuvo.

Cappas insistió en que “la soledad necesaria es cuando la podemos dirigir al autocuidado. Tenemos estos espacios de soledad para conectar con uno mismo, ir a la playa a sentir la arena, escuchar las olas, cuando quiero ir al parque, caminar, escuchar música, comer o beber algo solo”.

“Si no nos conocemos a nosotros mismos, nos empezamos a rodear y compartimos en círculos que no comparten nuestros gustos, nos incomodamos y empezamos en esa segregación por no saber compartir y con qué persona hacerlo”, dijo Cappas. 

Repensando los eventos

Esta realidad, cada vez más creciente, también lleva a repensar la manera en que se manejan los eventos, su mercadeo y publicidad. 

Según Yamisai E. Santiago, experta en comunicación, mercadeo y comercio digital, “existen eventos de diferentes áreas o gustos que atienden esos nichos. Sin embargo, quizás no son efectivos o no llegan a la cantidad de personas que se quisiera porque no se están mercadeando de la manera correcta. El marketing utiliza una persona audiencia, o un comprador ideal, igual que las comunicaciones, pero si no apelamos al perfil psicológico de este segmento que prefiere hacer actividades solos, pues no tendríamos éxito”. 


“Los anuncios, los flyers, las promociones usualmente muestran actividades como la de ir al cine, de una forma grupal o de pareja. El mercadeo utiliza la persuasión, pero también usa factores culturales. Al final lo que propone el marketing es vender o aumentar acciones a favor de una marca, empresa, actividad o producto. Por lo que apelar al factor emocional: «visítanos, aunque vengas solo» dentro de una campaña publicitaría podría responder a la necesidad de ese segmento que prefiere hacer actividades solo”, añadió Santiago a Es Mental.