En un mundo en el cual las tensiones políticas incrementan cada día y las noticias más desfavorables abruman a muchos, la espiritualidad puede convertirse en un mecanismo de afrontamiento colectivo, coinciden los especialistas.

Desde la psicología, la espiritualidad puede conceptualizarse como un recurso protector y regulador en contextos de crisis, particularmente a nivel comunitario. De acuerdo con la licenciada Nelmaris Hernández, psicóloga, en sociedades que enfrentan eventos adversos (tales como desastres naturales, inestabilidad socioeconómica o crisis sanitarias) la espiritualidad funciona como un sistema de significado, que permite a las personas interpretar el sufrimiento, sostener la esperanza y fortalecer la resiliencia colectiva.

La espiritualidad, también, puede facilitar procesos de regulación emocional, reducir síntomas de ansiedad y depresión, y servir como un marco para reconstruir la narrativa personal y colectiva tras el trauma. 

En Puerto Rico, por ejemplo, este fenómeno es particularmente visible, ya que tras eventos como huracanes, terremotos o la pandemia, muchas comunidades han recurrido a prácticas espirituales (ya sean religiosas o no) como mecanismos de afrontamiento, mencionó Hernández.

“Estas prácticas no solo brindan consuelo individual, sino que promueven la cohesión social, sentido de pertenencia y apoyo mutuo, todos factores asociados con mejores indicadores de salud mental comunitaria”, continuó.

La trabajadora social clínica Jenismarie Martínez Cabán recordó que, para poner en práctica la espiritualidad no es necesario seguir una religión en particular, más bien se centrar en la búsqueda darle un significado a la vida y a lo que se hace.

“La espiritualidad en la salud mental comunitaria, sea en crisis o no, es todo. El modelo biopsicosocial nos dice que todas las áreas del ser humano tienen que ser trabajadas: física, cognitiva, social, emocional y la espiritual. Todo ser humano necesita trabajar esa área espiritual y, en momentos de crisis, más aún”, planteó.

La espiritualidad ante momentos como los que se viven a nivel mundial, puede ayudar a que algunas personas puedan sobrellevar las situaciones.

“Cuando todo parece caótico, ayuda a responder preguntas como: “¿por qué pasó esto?” o “¿cómo sigo adelante?”, y tener un marco de significado reduce la desesperanza”, afirmó Martínez Cabán.

Siendo el ser humano un ente integral, el bienestar no se limita a lo físico o mental, sino que también incluye lo emocional y lo espiritual.

La psicóloga clínica, la doctora Irmarys Rosado Frau, explicó que la espiritualidad implica la creencia de que existe algo superior o trascendental. Señaló, que inclusive, desde la ciencia se ha observado que las personas que mantienen esta creencia tienden a enfrentar mejor las adversidades.

Los estudios en psicología destacan que factores como la resiliencia y el sentido de propósito actúan como protectores ante el estrés, permitiendo a las personas no solo sobrellevar situaciones difíciles, sino también crecer a partir de ellas, según Rosado Frau. 

“Quienes desarrollan una conexión espiritual o una visión de significado en sus vidas suelen contar con más herramientas emocionales para superar procesos complejos, a diferencia de quienes no integran esta dimensión en su bienestar”, sostuvo. 

No obstante, la percepción de la espiritualidad tiende a variar significativamente entre generaciones, y esto es debido a factores socioculturales, históricos y tecnológicos, explicó Hernández, 

Las generaciones mayores en Puerto Rico suelen vincular la espiritualidad con prácticas religiosas estructuradas, en las que la fe institucionalizada cumple un rol central en la interpretación de eventos adversos y en la regulación emocional.

Pero, en generaciones más jóvenes, se tiende a conceptualizar la espiritualidad de forma más individualizada y flexible, desvinculada en muchos casos de instituciones religiosas tradicionales. Por eso, en contextos de incertidumbre social o climática (como el cambio climático o la inestabilidad global) esta población puede recurrir a prácticas como la meditación, el mindfulness o la conexión con la naturaleza como formas de búsqueda de sentido y bienestar, describió.

“Lo importante es reconocer que la espiritualidad, independientemente de su forma, continúa siendo una herramienta relevante para enfrentar la incertidumbre, aunque adaptada a los marcos identitarios de cada generación”, puntualizó Hernández.

La espiritualidad en estos tiempos invita a la compasión

Martínez Cabán reiteró que la espiritualidad en tiempos convulsos puede invitar a la compasión, promover valores como la empatía, humildad y la conexión comunitaria. 

Además, procesar el dolor desde un lugar más amplio (“no soy solo esta herida”) y otorga un lenguaje simbólico al duelo, la reparación y el cierre. 

En un escenario familiar y puertorriqueño, en el cual las relaciones interpersonales y familiares tienen un alto valor cultural, la espiritualidad puede servir como un marco que fomente la empatía, la compasión y la reflexión moral; facilitando el perdón como un proceso interno de liberación emocional, planteó Hernández.

“La espiritualidad puede contribuir a procesos de sanación social, particularmente en comunidades que han experimentado trauma compartido”, puntualizó.

No obstante, una espiritualidad mal entendida puede presionar a perdonar demasiado pronto, invalidar el dolor y evitar la responsabilidad del daño, advirtieron las especialistas.

“La diferencia de tener el área espiritual trabajada es poder mirar desde el amor, la transformación y otorgar perdón para el bien de uno mismo y de otra persona desde la empatía. La espiritualidad facilita el perdón y brinda herramientas certeras para manejar conflictos interpersonales o colectivos”, concluyó la trabajadora social.