«Si yo corriera, estaría en el hipódromo»- Caballo pelotero, El Gran Combo de Puerto Rico

La palabra cáncer tiene la misma cantidad de letras que la palabra muerte, seis. Y cuatro letras comparten las palabras amor y vida.

Es solo una reflexión de lo que usted, como lector, y yo, como escritor y paciente de la antes mencionada enfermedad, establezco para que escoja para cuál de los dos lados prefiere pensar.

Desde el momento en que un profesional de la salud le anuncia a una persona un diagnóstico de cáncer, la resistencia mental o como yo prefiero decir, el «mental toughness», de una persona, es vital.

El tratamiento de cada persona es único, y cada ser reacciona al mismo de una manera en particular.

Mi tratamiento es radioterapia y quimioterapia simultáneo. 

Para la radioterapia, tengo que ir de lunes a viernes a las 6 de la mañana al Centro de Radioterapia del Hospital Auxilio Mutuo. Allí, junto a un grupo de no más de 10 personas, en su mayoría hombres pacientes de cáncer de próstata (creo que soy el único con cáncer en el recto de ese grupo), nos apuntamos en una lista para que nos llamen para atendernos.

Previo a llamarnos, nos tenemos que tomar al menos una botella de agua para que la vejiga de cada uno esté lo más llena posible y así los rayos que expulsa la máquina no afecten los órganos internos del cuerpo. 

Por alguna manera fisiológica que desconozco y según me han contado las técnicas que nos atienden, mi vejiga llena bien rápido. Por eso, y aunque soy el último del grupo en llegar -lo acepto-, soy el primero que recibe el tratamiento.

Hay un caso muy particular entre los pacientes: hay un señor que se tiene que tomar dos botellas de agua y caminar por un ratito para que se le llene la vejiga. Increíble, pero cierto. Y por eso digo que cada caso es diferente.

Para la quimioterapia tengo que ir todos los lunes y viernes a la oficina del oncólogo -que queda en la torre médica del Auxilio Mutuo- para que me conecten y me desconecten, respectivamente, la bombita con el medicamento Fluorouracil, mejor conocido como 5FU.

Ese viernes yo lo celebro tanto, que hasta me visto más decente que los días anteriores. Esa es la actitud que hay que tener: que pese a la circunstancia, hay que mantener la frente en alto y con una mentalidad bien positiva.

La paciencia también tiene un rol importante en el «mental toughness» que conté al principio, y es que cualquier tratamiento médico provoca un cambio en la rutina diaria de las personas.

Aquella hora en la que uno se levantaba temprano para hacer ejercicios, bañarse, vestirse e ir al trabajo, cambia a ejercitarte hasta que el cuerpo te lo permita debido a que el «medport» puesto en un lado del pecho y por donde entra la quimioterapia te impide a hacer algunos ejercicios, ir a un lugar lleno de enfermos, ver sus caras pálidas, desanimadas y llenas de incertidumbre y cuestionamientos de si su tratamiento está funcionando o no, y todo con un fin: quedar lo más sano posible.

Volviendo a la radioterapia, después de que los técnicos llaman tu nombre por un altavoz que hay en el Centro de Radioterapia, cada paciente tiene que desvestirse para ponerse una bata identificada para cada uno para recibir el tratamiento.

Para mi tratamiento, tengo que acostarme boca abajo en la máquina de radioterapia, cuya marca es Edge, ventaja en español. Interesante para lo que contaré luego.

El tiempo que toma el tratamiento completo se demora entre 10 y 12 minutos, lo cual le toma a cualquier aficionado correr una milla.

El proceso de la quimioterapia se demora más. Para este tratamiento, primero tienes que hacer una fila fuera de la torre médica donde queda la oficina del oncólogo. Dependiendo de la hora que llegues, pues entras en el primer grupo de solo 7 pacientes que dejan entrar, y sino, pues a esperar al próximo grupo. 

Ese tiempo de espera puede demorar al menos una hora. Después, visitas la oficina del oncólogo para ser atendido. Luego que llaman tu nombre, una técnica te pide pesarte y después sentarte en una silla parecida a un escritorio de escuela, donde te toman la presión para después conectarte un medicamento que previene las náuseas que podrían provocar la quimioterapia. Todo este proceso podría demorar varias horas.

¿Por qué cuento todo esto? Porque todo esto yo lo comparo con correr un maratón, que aunque nunca he corrido uno, pero el tiempo en que conlleva completarlo, es el mismo en que uno se demora en llegar al Centro de Radioterapia, recibir ese primer tratamiento y después la quimioterapia.

Para prepararse para correr un maratón, hay que tener mucho «mental toughness», tanto por el sacrificio para levantarse y completar las diversas millas que le tocan a uno para completar ese día y el sacrificio dietético.

Personalmente, he completado tres carreras 5k (3.3 millas) y uno o dos 10k (6.6 millas) pero por diversión.

Algo que estoy muy claro es que cuando termine mi tratamiento, quiero y voy a correr un maratón. Después de todo este tratamiento, que se supone que demore 6 meses y que personalmente ha sido lo más bizarro en mi vida, nada me va a detener.

Me considero una de las personas más competitivas del mundo, por lo que el invasor que tengo dentro de mi cuerpo y que es mi principal contrincante en mi vida, no va a poder conmigo. Lo siento, pero no.

Mi fe y confianza en Papá, la ayuda médica de todos los profesionales de la salud, el tratamiento que recibo y el apoyo de toda mi familia y amistades, me mantendrá en pie y apoyándome para terminar esta gran prueba y después para completar el maratón, aunque lo termine en 6 horas.

*Jorge Muñiz, periodista y paciente, estará relatando su travesía a medida que se va desarrollando en esta columna. Para cualquier duda, pregunta, recomendación o consejo, pueden escribirle a: jjmunizortiz@gmail.com o seguirlo en Twitter: @jorgejmuniz e Instagram: jorgejmuniz21.