¿Un ChatGPT para creyentes? Eso es lo que busca plantear Peterskapelle, la iglesia más antigua de Lucerna, Suiza, que se ha modernizado al instalar un avatar de Jesús que opera con inteligencia artificial: «AI Jesus».

Bautizado «Deus in Machina«, es un proyecto pionero busca explorar cómo las personas interactúan con un Jesús digital, respondiendo en tiempo real a preguntas basadas en textos teológicos, todo dentro del espacio del confesionario transformado en un punto de interacción tecnológica.

Funciona de forma similar a herramientas como ChatGPT, pero está específicamente entrenada con textos bíblicos, enseñanzas teológicas y principios religiosos para responder preguntas, ofrecer reflexiones espirituales y proporcionar información. 

Su objetivo es servir como un recurso digital para explorar temas de fe y espiritualidad, aunque plantea debates éticos y prácticos sobre la interpretación automatizada de creencias religiosas y la posible deshumanización de experiencias religiosas tradicionales, como la confesión o la oración.

La integración de la inteligencia artificial en ámbitos religiosos, como lo ejemplifica la plataforma «AI Jesus», plantea interrogantes importantes sobre su impacto en la práctica espiritual y la interacción humana, planteó Adam Rosario, psicólogo industrial organizacional.

Según Rosario, estas tecnologías, aunque específicas y diseñadas para resolver problemas concretos, presentan tanto oportunidades como riesgos. «AI Jesús» se enfoca en la enseñanza y guía espiritual basada en textos bíblicos, lo cual puede ser útil para personas en busca de orientación religiosa, pero también plantea desafíos en términos de interpretación, uso y dependencia emocional.

En este marco, el psicólogo Javier Méndez Lozada, con especialidad en consejería psicológica, sostuvo que un aspecto clave es el rechazo inicial que estas herramientas puede generar en comunidades religiosas, tradicionalmente conservadoras. Opinó que las religiones suelen basarse en textos sagrados de cientos o miles de años de antigüedad y muchos pueden temer que la inteligencia artificial pueda «contaminar» la pureza de sus doctrinas. 

“Este miedo, no solo es característico de las instituciones religiosas, sino también del comportamiento humano en general, ya que la psicología evolutiva muestra que las personas tienden a desconfiar de lo desconocido como un mecanismo de supervivencia”, mantuvo Méndez Lozada. 

Argumentó que, cuando se utiliza de manera correcta, la inteligencia artificial puede convertirse en un recurso poderoso para compilar, interpretar y difundir el conocimiento religioso de manera más accesible y rápida.

AI Jesus: herramienta poderosa, pero riesgosa

Similarmente, Rosario indicó profundizó en la posibilidad de que estas plataformas funcionen como herramientas de apoyo. Al ser alimentadas con información bíblica, pueden ofrecer respuestas rápidas y accesibles a preguntas sobre espiritualidad, lo que resulta atractivo para quienes buscan una guía práctica y personalizada. Además, Méndez Lozada añadió que estas herramientas podrían ofrecer apoyo en momentos de duda, promoviendo reflexiones espirituales basadas en información compilada de diversas fuentes.

Aunque la naturaleza de estas plataformas puede incitar precaución, especialmente debido a la diversidad de interpretaciones que la religión puede generar y la sensibilidad del tema, destacó que su especificidad temática podría facilitar la creación de un espacio de interacción espiritual innovador, precisamente para adultos mayores, practicantes deseosos por explorar nuevas vías para practicar su fe, y personas curiosas sobre sus enseñanzas, entre otros públicos.

Entre los riesgos identificados, Rosario menciona el posible malentendido o distorsión teológica, tal como señalado anteriormente. Al tratarse de un sistema basado en datos y entrenado con información de internet, existe el riesgo de que incorpore errores o perspectivas sesgadas, lo que podría confundir a los usuarios. 

Precisó que la falta de supervisión humana en la interacción puede dar lugar a interpretaciones problemáticas o no adecuadas para ciertos contextos religiosos. También existe el peligro de que las personas desarrollen una dependencia emocional hacia la plataforma, lo cual podría generar problemas de deshumanización en la experiencia religiosa.

Por su parte, Méndez Lozano advirtió sobre riesgos como la sustitución del compromiso personal. Existe la posibilidad de que los practicantes deleguen completamente su estudio, reflexión y análisis espiritual en la inteligencia artificial, eliminando el carácter subjetivo, reflexivo y humano de la experiencia religiosa. Asimismo, destacó que muchos usuarios podrían asumir que las respuestas proporcionadas por la inteligencia artificial son absolutas, sin cuestionar las fuentes o verificar la información, lo cual podría conducir a interpretaciones erróneas o sesgadas, un tema especialmente delicado en contextos religiosos.

Otro punto crítico es la confidencialidad de los datos. Rosario resaltó su preocupación en torno al manejo de la información recopilada durante interacciones con la inteligencia artificial, particularmente con respecto a confesiones o aspectos íntimos. Esto plantea preguntas sobre la seguridad de los datos y cómo se protegerá la privacidad de los usuarios, un tema especialmente delicado en el ámbito religioso.

La deshumanización de la experiencia religiosa es otro de los grandes desafíos. Rosario puntualizó que las interacciones “cara a cara” con líderes espirituales como sacerdotes no solo ofrecen guía, sino también validación emocional. Lo describió como un sentido de conexión humana que no puede replicarse fácilmente a través de una pantalla. La práctica de confesarse, por ejemplo, ha evolucionado históricamente para brindar un espacio seguro e interpersonal, algo que una plataforma digital difícilmente puede sustituir, aunque útil en ciertos contextos.

Además, Rosario alerta sobre el impacto en las instituciones religiosas y sus líderes. El desplazamiento de figuras espirituales por herramientas tecnológicas podría transformar la forma en que se practica la religión, afectando la autoridad y la estructura organizativa de estas instituciones. Esto puede generar un debate sobre qué tan válidas o significativas son las experiencias religiosas mediadas por la inteligencia artificial.

En términos éticos, Méndez Lozada resaltó la necesidad de establecer límites claros en el uso de estas tecnologías dentro de las prácticas religiosas. Subrayó que la digitalización de la interpretación de textos y creencias religiosas implica riesgos importantes debido a la naturaleza subjetiva y no cuantificable de estas creencias. Sin una regulación estructurada que limite y guíe el uso de la inteligencia artificial, existe el peligro de sobredependencia y de posibles distorsiones en la enseñanza religiosa. 

Por ello, insistió en que tanto las instituciones religiosas como los gobiernos y otras entidades deben desarrollar normas para asegurar que estas herramientas no sustituyan la capacidad humana de análisis y reflexión. En este sentido, Méndez Lozada concluyó que la inteligencia artificial debe ser vista como un recurso de apoyo, pero no como un reemplazo de la experiencia humana en el ámbito religioso.

Las herramientas como «AI Jesus» tienen el potencial de democratizar y facilitar el acceso a la orientación espiritual, pero también requieren una evaluación cuidadosa, coincidió Rosario. Es fundamental implementar filtros adecuados, tal como indicado por Méndez Lozada, garantizar la seguridad de los datos y establecer límites claros para evitar distorsiones teológicas, deshumanización y problemas emocionales derivados de su uso. 

Para Rosario, la clave está en abordar estas plataformas como guías experimentales, complementarias a las prácticas tradicionales, pero no como sustitutos de la conexión humana que caracteriza a la espiritualidad y la religión.