Hoy, miércoles a las 3:00 p.m., conversamos por Facebook live con la doctora Adriana López Motta, psicóloga clínica, especialista en trastornos de la conducta alimentaria, y con la doctora Laura Irizarry, psicóloga clínica del Hospital General de Castañer, sobre cómo las redes sociales están detonando trastornos alimentarios gracias al apoyo de FHC First Healthcare. ¡Sintoniza a través del Facebook de Es Mental o de FHC – Salud Mental!

A pesar de que las redes sociales por sí solas no causan trastornos de la conducta alimentaria (TCA), estas sí influyen significativamente en su desarrollo en personas más vulnerables, como los adolescentes y personas con baja autoestima, explicó la doctora Adriana López Motta, psicóloga clínica, especialista en trastornos de la conducta alimentaria.

De igual forma, indicó que otras personas vulnerables son aquellas que buscan hacer dieta de forma desesperada por la cultura dietética en la que vivimos, las personas perfeccionistas y quienes no se sienten satisfechas consigo mismas porque se comparan con lo que ven en las redes. Asimismo, tienen un mayor riesgo las personas que se autocritican (por la imagen distorsionada de sí mismos ) o reciben comentarios negativos de otros mediantes comentarios o mensajes directos en las redes sociales.

Indicó que las plataformas como Tik Tok, Instagram y Facebook normalizan e idealizan la cultura dietética y los estándares de belleza, por lo cual pueden llevar a las personas a restringirse y a hacer ejercicios como castigo o compensación. O sea, hacen ejercicios de más o hacen ejercicios intensos o de alto impacto justo después de comer — lo cual no es recomendable— solo porque se sienten culpables luego de comer y quieren quemar las calorías de lo que consumieron.

“Es importante tener en cuenta el algoritmo del contenido que se consume, si está enfocado en dietas extremas, en cuerpos ideales, en castigo por comer ‘x’ o ‘y’ comida ( esto se aprecia más en las cuentas de algunos entrenadores personales) y sobre todo en los likes y comentarios que se reciben cuando se sube una foto con ‘los estándares de belleza’. Muchas veces asocian la pérdida de peso con felicidad”, sostuvo la psicóloga clínica. 

López Motta aseguró que en su práctica profesional ve muchas adolescentes y mujeres adultas con miedo a engordar y altos niveles de ansiedad por lo que puedan pensar los demás. 

“Esto nace de lo que ven en las redes sociales porque quieren perseguir estándares irreales, comentarios negativos provenientes de los familiares e incluso el querer imitar como se ven sus artistas favoritos, que alguna vez sufrieron un TCA. Por otro lado, he visto que pacientes con atracones son vulnerables a las promociones de las comidas que ven en las redes sociales, por los estímulos visuales e impulsividad”, añadió.

Ante esta situación, recomendó dejar de seguir cuentas que sean un “trigger”, practicar la neutralidad corporal y la autocompasión, disminuir el consumo de redes sociales y trabajar en sí mismas mediante un proceso terapéutico.

Cada vez más evidente la influencia de las redes en la salud mental

Por su parte, la doctora Laura Irizarry, psicóloga clínica del Hospital General Castañer, quien hizo esta carrera luego de su experiencia personal con los trastornos alimentarios y actualmente ofrece talleres en las escuelas, sostuvo que en este contexto observa que la influencia de las redes sociales en la salud mental y en los trastornos alimentarios es cada vez más evidente. 

“Muchas adolescentes expresan sentirse presionadas a imitar cuerpos “perfectos” que ven en línea, sin saber que gran parte de ese contenido está filtrado, editado o completamente alejado de la realidad. También, veo cómo la comparación constante, la necesidad de aprobación mediante likes, y la exposición a contenido que normaliza dietas extremas o ejercicios excesivos impacta directamente su autoestima y su relación con la comida y el cuerpo. En ocasiones, estos patrones llevan a sentimientos de vergüenza, culpa o tristeza lo que aumenta el riesgo de conductas de riesgo relacionadas con la alimentación”, agregó Irizarry.

La psicóloga clínica, quien también formó parte de ANDA, la Asociación Nacional de Desórdenes Alimentarios, donde apoyó a pacientes y familiares a través de grupos de apoyo educativos, sostuvo que cuando habla con adolescentes y con personas que se sienten afectadas por lo que ven en las redes sociales, siempre les comparte algo muy humano.

“No todo lo que ves está hecho para tu bienestar. Hay contenido que puede inspirarte, pero también hay contenido que puede herirte sin que te des cuenta. Por eso, antes de comparar tu cuerpo o tu vida con lo que aparece en una pantalla, pregúntate cómo te hace sentir. Si te deja con un nudo en la garganta, con la sensación de que no eres suficiente o con ganas de esconder partes de ti, entonces, ese contenido no merece tu energía”, recomienda Irizarry.

“Quita o silencia todo aquello que te roba paz o te empuja, a pensar que tienes que cambiar para ser aceptada. Llena tu espacio digital de cuentas que celebren cuerpos reales, historias auténticas y mensajes que te recuerden que vales por lo que eres, no por cómo luces. Eso no es egoísmo: es autocuidado”, agregó.

Irizarry reiteró que “los cuerpos reales no tienen filtros”. 

“Nadie se despierta con luz perfecta, medidas exactas o piel sin marcas. La vida real tiene cicatrices, estrías, cambios, procesos… y eso también es belleza. Si empiezas a tratar tu cuerpo como tratarías a alguien que amas con paciencia, con ternura, con respeto notarás que la manera en que te miras irá cambiando”, sostuvo.

“No tienes que atravesar estas cosas sola/o. Si notas que lo que ves en redes te causa ansiedad, vergüenza, culpa o te impulsa a hacer dietas extremas o compararte todo el tiempo, habla con alguien. Buscar apoyo no es debilidad; es valentía. Hablar a tiempo puede evitar que estas ideas dañinas se conviertan en hábitos que lastimen tu salud”, aconsejó Irizarry.

“Mis consejos siempre parten de ahí: de recordarles que son seres humanos, que sus cuerpos merecen cuidado, y que su valor va muchísimo más allá de lo que muestre una foto o un video. Porque cada persona, con su historia, su proceso y su manera de existir, ya es suficiente. Y eso, ni un filtro ni un algoritmo pueden decidirlo”, puntualizó.