Los desastres productos del cambio climático no culminan exclusivamente con secuelas de la naturaleza, ya que sus efectos persisten en la memoria colectiva, en especial de las comunidades vulnerables y empobrecidas de toda América Latina.

Con estas desigualdades como norte, el Programa Graduado de Consejería Psicológica de la Universidad Albizu celebró su segundo simposio Sanar la Tierra, Sanar la Mente – Psicología Ambiental y Resiliencia Comunitaria un espacio académico y comunitario que reunión voces de Puerto Rico y América Latina para analizar el impacto psicosocial del cambio climático. 

Según la doctora Migna Rivera García, directora del programa, la actividad es la continuación de una plataforma reflexiva que inició en el 2024 desde el Programa Graduado de Consejería Psicológica de la universidad tras el trabajo que realizan en las clínicas comunitarias de Comerío y Caguas. Los hallazgos y experiencias vividas fueron motor para ampliar la discusión sobre la relación entre la salud mental y la crisis climática. 

La jornada contó con la participación de 295 personas, en modalidad online, y 85 de forma presencial, en la que estuvieron presentes docentes, estudiantes y líderes comunitarios de Puerto Rico, Colombia, Chile, Cuba, entre otros. Asimismo, se dividió en seis ejes temáticos: psicología ambiental (un campo poco explorado en la Isla), salud mental comunitaria y desigualdades sociales, derechos humanos y políticas ambientales; eventos climáticos extremos y consecuencias psicosociales, saberes ancestrales y resiliencia y el rol de psicólogo y la psicóloga ante la crisis climática.

En el archipiélago las comunidades costeras y marginadas experimentan un impacto desproporcionado de estos eventos naturales, por eso se discutieron situaciones como las que se viven en Yabucoa, un lugar significativamente impactado tras el paso del huracán María y en donde actualmente se desarrolla una investigación doctorales a raíz de las implicaciones psicosociales de las que nadie habla.

También, Rivera García explicó que se mencionaron sectores, como Parcelas Suárez en Loíza y la Comunidad El Negro en Yabucoa, en los que el nivel de mar ya provoca desplazamientos, inseguridad ambiental y un duelo ecológico.

“Hay poblaciones que hoy tienen el mar en el patio de sus casas. Eso genera inseguridad ambiental, ansiedad y duelo ecológico. El desplazamiento forzado por razones climáticas no es una posibilidad futura; es una realidad presente”, afirmó la doctora.

En la zona central, por ejemplo, el paso del huracán Fiona también dejó secuelas de estrés postraumático y ansiedad ambiental, aún atendidas desde la clínica en Comerío. 

“Cuando hablamos de desastres, no estamos hablando solo de un evento natural. Son socio-desastres, porque dejan secuelas sociales y emocionales, que permanecen mucho después de que pasa el huracán”, continuó. 

Durante el evento, el doctor Eduardo Lugo Hernández, profesor, fue encargado de la conferencia magistral Salud mental ante el colapso ecológico: Respuesta desde lo comunitario y en la que se invitó a la discusión acerca de la soberanía energética como pieza clave en la resiliencia comunitaria y la importancia de la memoria histórica comunitaria, la ciudadanía ambiental y atender las crisis con equidad social y bienestar psicológico. 

“La violencia estructural asociada al asunto energético representa un paralelismo de la  violencia que subyace en las múltiples opresiones que frecuentan las personas en las comunidades en Puerto Rico”, puntualizó. 

Dijo, además, que el efecto que esto tiene en el bienestar de las personas es severo y ante este escenario, es sustancial una mirada al interior de la psicología, para así identificar modelos que promuevan prácticas transformadoras. Las voces de las comunidades expresan el dolor emocional, por lo tanto, es importante saber escucharlas, enfatizó. 

De igual forma, en la jornada se señaló que en Puerto Rico aún no existe una formación formal en el tema de la psicología ambiental, a diferencia de países de latinoamérica, en los cuales se ofrecen programas de maestrías. No obstante, desde el Programa Graduado de Consejería el tema de las crisis climática se considera uno ‘periférico’ y, además, una agenda de trabajo. 

“Generar conocimiento situado implica escuchar y validar las voces de quienes viven estas realidades. Podemos tener modelos y teorías, pero hay un conocimiento comunitario que muchas veces supera lo que aparece en los libros”, puntualizó la doctora sobre lo esencial de la integración comunitaria. 

Buscando que este evento pueda ofrecer continuidad, el simposio se llevará a cabo en varias ediciones. Para junio de este año se vislumbra un nuevo encuentro regional, con representación del Caribe y Centroamérica, para  fortalecer alianzas y generar compromisos de trabajo a largo plazo, especialmente ante la temporada de huracanes, adelantó Rivera García.

“Hablar de justicia ambiental es hablar también de derechos humanos y de equidad social”, finalizó.