Las investigaciones sobre las enfermedades neurodegenerativas del cerebro siguen demostrando resultados alentadores, y tal es el caso de un nuevo estudio que sugiere un vínculo entre la vacuna contra el herpes zóster y la reducción en el riesgo del desarrollo de demencias.
Se estima que a nivel mundial 57 millones de personas viven con demencia y este número casi se duplicará cada 20 años, llegando a 78 millones en 2030. La enfermedad de Alzheimer es la forma más común y representa entre el 60 al 70 por ciento de los casos, reitera la Organización Mundial de la Salud.
Un nuevo estudio, publicado este mes, arroja luz sobre cómo una vacuna contra el herpes zóster podría disminuir la probabilidad (hasta un 20 por ciento) de ser diagnosticado con demencia.
Para lograrlo se incluyó a 280 mil personas que nacieron en fechas muy cercanas, unas elegibles a la vacuna y otras no y tras diversos análisis y pruebas, se analizaron los datos recopilados durante 7 años.
Los investigadores encontraron que la vacuna viva atenuada de herpes zoster redujo la probabilidad de un diagnóstico nuevo de demencia por un 3.5 por ciento o una reducción relativa de 20 por ciento durante siete años. Estos efectos protectivos, como lo denominaron, fueron más robustos en mujeres que en hombres, detalló la doctora Yamilet Escabí Quiles, neuropsicóloga.
La población participante, en su mayoría de Reino Unido, consistió en adultos nacidos entre el 1 de septiembre de 1925 y el 1 de septiembre de 1942, que no tenían un diagnóstico de demencia al momento del inicio del programa de vacunación contra el herpes zóster.
Con estos datos se observó que, haber nacido tan solo una semana después del 2 de septiembre de 1933 y, por lo tanto, ser elegible para la vacuna contra el herpes zóster durante al menos un año, provocó un aumento abrupto en la probabilidad de recibir alguna vez la vacuna contra el herpes zóster..
“Este hallazgo es alentador, particularmente al considerar que la prevalencia de la demencia es mayor en mujeres que en hombres (hasta el doble de probabilidad). Estudiar y entender mejor el mecanismo por el cual esta vacuna pueda estar ejerciendo los efectos propuestos por los investigadores es un paso esencial para acercarnos a poder generalizar los resultados con poblaciones variadas, para entender la interacción que pueda tener con distintos tipos de demencia, así como con otras condiciones médicas que se conoce aportan al riesgo del trastorno cognitivo mayor o demencia”, comentó Escabí Quiles.
No obstante, dijo que aún hace falta estudios de ensayo de control aleatorio en el que los resultados y las diferencias entre grupos se pueden relacionar con más certeza a las intervenciones administradas, en este caso la vacunación, y no a diferencias preexistentes entre los grupos, como las condiciones médicas, factores genéticos, étnicos, culturales, socioeconómicos, entre otros.
“También es importante entender cuál es el efecto que puede tener la vacuna (contra el herpes zóster) en pacientes con condiciones autoinmunes o alérgicas, ya que en el estudio se observó que el efecto en la demencia no fue igual en estos pacientes, lo que lleva a considerar que no es un remedio one size fits all y que, por lo tanto, distintas poblaciones pudieran tener distintas respuestas y necesitar otras alternativas preventivas”, reiteró la doctora.
Vacuna contra el hérpes zóster: “una oportunidad significativa en términos de salud pública”
Por su parte, el doctor Alberto Rosario Maldonado, epidemiólogo, señaló que “más allá de su eficacia para prevenir una enfermedad dolorosa como el herpes zóster, la vacuna Shingrix representa una oportunidad significativa en términos de salud pública”, pues los estudios más actualizados sugieren que su uso podría estar asociado a una menor incidencia de enfermedades neurodegenerativas como la demencia y el alzhéimer.
Especialmente en una población que envejece rápidamente y cuyo impacto sobre los sistemas de salud y las familias es inmenso.
“Incorporar la vacunación contra el herpes zóster dentro de las estrategias preventivas no solo mejora la calidad de vida individual, sino que también reduce la carga sanitaria y económica asociada al deterioro cognitivo”, sostuvo.
“Es momento de ver esta vacuna no solo como una protección dermatológica, sino como una intervención clave para la salud cerebral y el envejecimiento saludable”, agregó el doctor.
No obstante, y de acuerdo con Escabí Quiles, al momento solo se analizan los efectos de la vacuna viva atenuada para el herpes zoster, la cual ha sido descontinuada en los Estados Unidos. La vacuna utilizada actualmente es Shingrix, que es una vacuna recombinante no viva o no activa.
Asimismo, otras limitaciones de las investigaciones existentes se puede ver en el empleo de datos electrónicos para el diagnóstico de demencia (algunos en escenarios de medicina primaria), por lo que la presencia de demencia no fue evaluada y confirmada adecuadamente, lo que puede resultar en falsos negativos y positivos.
Por otra parte, las investigaciones fueron realizadas antes de la pandemia del COVID-19 y esta vacuna puede afectar por causa de otras administradas antes o en conjunto, por lo que esta es una variable importante a considerar en estudios futuros, dijo la neuropsicóloga.
Recordó que si estos resultados se replican en un ensayo de control aleatorio, podrían representar una alternativa costo-efectiva y accesible para la población general, contrastando con las opciones costosas y limitadas para tratar las demencias en la actualidad.
Empero, es de suma importancia continuar con el empleo de otras medidas de prevención, como promover hábitos de vida saludables (alimentación, ejercicios, socialización, dejar de fumar, entre otros.); que tienen un impacto en el desarrollo o prevención de la demencia, particularmente en la población puertorriqueña, con un alta prevalencia de condiciones como la diabetes e hipertensión y que son factores de riesgo de riesgo, puntualizó.
Las condiciones psiquiátricas y/o situaciones emocionales sin un manejo también se convierten en factor de riesgo, que puede precipitar o exacerbar problemas cognitivos relacionados a la demencia.
“Si no enfatizamos la importancia de estas medidas preventivas, corremos el riesgo de que las personas se sobre confíen en los efectos de la vacuna como única medida preventiva, ya que sabemos que los seres humanos tendemos a preferir soluciones rápidas y fáciles, versus aquellas que tienden a ser más difíciles, toman tiempo y requieren esfuerzo y sacrificios, aún cuando podemos obtener muy buenos resultados”, finalizó.


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