Del 2015 al 2021 más de 33 mil estudiantes abandonaron sus estudios del sistema público de enseñanza de Puerto Rico, teniendo como resultado un aumento en la deserción escolar en la Isla, según apunta un nuevo estudio, de la autoría del profesor y economista José Caraballo Cueto, en colaboración con la Fundación Segarra Boerman.

La investigación, Algunos determinantes de la deserción escolar en Puerto Rico,  presenta hallazgos significativos en relación con el perfil de los niños y jóvenes que abandonaron sus estudios, así como las causas de su deserción.

Entre ellos destaca el impacto que tuvieron los eventos naturales, como el huracán María en el 2017, los terremotos en la zona sur y la pandemia por COVID-19 en el 2020, en el sistema educativo, pero además los niveles de pobreza en los que viven muchos de los estudiantes.

Otros factores importantes del estudio muestran que los desertores son hombres con edad promedio de 14 años y de planteles de la región de San Juan. 

Sobre cómo se determinaron las acciones que implican el abandono de la escuela, Caraballo Cueto explicó a Es Mental que existen varias razones para catalogar o incluir esto en la categoría de deserción, “entre ellas, aquellos que nunca regresaron a la escuela y no se sabe de su paradero”.

“En varios casos, algunos fueron a programas alternativos, muchos de los cuales están operando sin ningún tipo de fiscalización. Otros se ausentaron a mitad de semestre y nunca regresaron o nunca fueron a matricularse’’, dijo.  

De igual forma, sostuvo que entre los 33 mil están también los que dijeron “que iban a emigrar y no buscaron el expediente académico para matricularse en una escuela en Estados Unidos”. 

“No son migrantes o estudiantes que fueron a otra institución privada, son estudiantes que simplemente no regresaron a estudiar”, contó.

Algunos determinantes de la deserción escolar en Puerto Rico coloca sobre la mesa, además, un gran problema en el sistema de educación especial del Departamento de Educación, ya que estos estudiantes son parte de los números más altos de deserción. 

“Los estudiantes de educación especial tienen una tasa más alta de desertar y eso es un factor importante de puntualizar, pues por muchos años no han sido bien servidos por el Departamento de Educación y eso se reflejan también en estos datos de deserción’’, puntualizó. 

El doctor apuntó a que, con los hallazgos, las personas puedan hacer un examen “serio’’ de concienciación, que motive a la indignación y reclamos, tanto hacia el Departamento de Educación, como a la sociedad.  

“El Departamento de Educación y la sociedad le fallan a la niñez. Aquí se hacen muchos reclamos públicos y mucha presión por diferentes temas, pero uno de los temas a los cuales menos se le hace reclamos es trabajar a favor de la niñez pobre. La pobreza tiene un impacto alto sobre la deserción, aquí no indigna que 6 de cada 10 niños de Puerto Rico vivan bajo nivel de pobreza. No indigna que haya escuelas que, a cuatro años de María, no han sido reparadas. Tampoco que haya escuelas en el sur cerradas o que se haya dejado la apertura de escuelas en la pandemia para lo último”, señaló. 

“Ese desdén de la sociedad ha ocasionado también la deserción. Yo creo que cuando único la sociedad recuerda la niñez pobre y la falta de oportunidades es cuando hay olas de violencias, como la que estamos viviendo en la actualidad’’, concluyó. 

Urge fortalecer aspectos socioemocionales 

Por su parte, el psicólogo clínico comunitario y profesor, Eduardo Lugo, dijo que el estudio refleja la necesidad apremiante de trabajar con la reducción y eventual erradicación de la pobreza en Puerto Rico, ya que “la pobreza genera una serie de desventajas para nuestra niñez, que les pone en riesgo de no tener una buena experiencia educativa”.

“El sistema de educación pública en Puerto Rico necesita reforma. Particularmente en un momento en que, a nivel mundial enfrentamos una crisis climática que ha afectado severamente a Puerto Rico y el acceso a la educación de calidad de la niñez. A esto le sumamos las medidas de austeridad de la Junta de Control Fiscal y tenemos un panorama que, si el Departamento de Educación no escucha las voces de las comunidades y expertas en diversas áreas, vamos hacia una crisis sostenida educativa y de salud mental”, compartió Lugo. 

Urge, según Lugo, fortalecer aspectos socioemocionales de los niños y jóvenes boricuas, así como de otros miembros de la comunidad escolar. 

“Los múltiples traumas que hemos vivido afectan la salud mental y el aprovechamiento académico. Urge este enfoque sostenido. Además, las escuelas necesitan recursos, desde la década del ochenta escuchamos todos los agostos que las escuelas no están listas, que los maestros tienen que comprar los materiales y que faltan maestros. Esto no ha cambiado en décadas y es imperdonable”, culminó.