Dejar de llamar, hacer las llamadas cada vez más cortas y que pasen los meses y no sepan nada de su vida. Estas son algunas de las señales de alerta de que hay un distanciamiento entre un padre, madre o cuidador principal y su hijo, hija o hije, describió el psicólogo escolar Andrés Cruz Santos

La etapa universitaria es la que Cruz Santos identificó como el periodo en el que el vínculo de un cuidador e hijo o hija se ve más vulnerable al distanciamiento. Explicó que cuando un adulto se va de su casa y empieza a vivir sin sus cuidadores, desarrolla nuevos estilos y costumbres, especificó. Surge lo mismo cuando los padres ya no tienen a sus menores en el hogar. Los estilos cambian y se incurren en distintas prácticas por estos cambios de vida. 

Agregó que en la adultez temprana, cuando un menor se va de la casa a explorar el mundo y a vivir solo o sola por primera vez, provoca un distanciamiento. Por la situación económica actual, se ha encontrado que de cierta edad en adelante suelen regresar a su casa. Aquí es que comienza la fricción entre encargado e hijo o hija, pues se enfrentan a diferencias significativas en sus rutinas.

Distanciamiento en la adolescencia

En este marco, la experta en consejería psicológica, Zayana Figueroa Montero, opinó que, independientemente de la recurrencia, el distanciamiento entre un cuidador y un hijo o hija puede nacer en distintas etapas y cada caso es distinto. Añadió que, similar a la etapa universitaria, la adolescencia es uno de los periodos en los que se es más propenso a sufrir distanciamientos. 

A partir de la adolescencia, donde el menor comienza a experimentar cambios en su desarrollo y en el comportamiento, ve al mundo desde una nueva perspectiva y formula sus propias opiniones, indicó Figueroa Montero. Está en una transición a nivel física y emocional, detalló. Consecuentemente, algunas de sus opiniones van a diferir de las reglas impuestas en la casa. 

Figueroa Montero sugirió que los padres, madres y encargados escuchen, sin dejar de imponer reglas, e intenten llegar a una negociación. Es indispensable examinar y evaluar cómo ambas partes pueden intentar ser flexibles, al menos entendiendo la responsabilidad de los padres como protector y menor como dependiente y adulto en crecimiento. Estas negociaciones son importantes para abrir comunicación y evitar distanciamiento, expresó.

 Asimismo, Cruz Santos subrayó que estas situaciones de rechazo también pueden surgir si hay una crianza muy estricta. Puede ser que el menor se fuera de la casa para no tener que lidiar con esa dinámica familiar que había establecido el cuidador. Igualmente, puede también surgir que los problemas entre los cuidadores principales, como matrimonio o pareja, provoquen el deseo del menor por distanciarse. 

Figueroa Montero sugirió que lo esencial es que, si el padre, madre o encargado quiere reconectar, tiene que tomar la iniciativa y empezar con interacciones pequeñas, con el objetivo de reconciliarse. Se trata de buscar ese acercamiento, no querer discernir quien tuvo la razón en el asunto que ocurrió, buscar reconexión, pedir disculpas y aceptar culpa. 

Si esa comunicación no se puede dar, recomendó escribir una carta.

El cuidador debe de bajar las defensas y estar abierto o abierta. En este marco, debe entender que los hijos tienen distintos puntos de vista y no querer tener el control ni intentar imponer su perspectiva. También,  la también  facultativa de consejería psicológica en la Universidad Albizu recomendó buscar los puntos de encuentro y las actividades o intereses que comparten. Asimismo, no usar ese tiempo para atender situaciones conflictivas. 

Escuchar más y hablar menos, permitirá conocer mejor al menor, que no se sienta juzgado y más confianza a la hora de comunicarse, aconsejó Figueroa Montero. Muchos encargados se enfocan en la reconexión e insistir. Es importante también buscar hacer cosas por sí mismo y no poner todo el enfoque en esa reconciliación, y no aislarse. 

Mientras, un estudio británico informó que más hijas que hijos sufren de rupturas o distanciamiento con los cuidadores. Más aún, reportó que más madres que padres están alejados de sus hijos adultos. Sin embargo, puntualizó que el alejamiento de los padres dura más tiempo, sosteniendo un promedio de 7.9 años, en comparación con 5.5 años de las madres.

Por otro lado, la encuesta de la Universidad de Cambridge encontró que una mayoría de los hijos adultos no esperan reconciliación, los padres mantienen la esperanza de recuperar el vínculo y creen que, con el enfoque correcto, pueden encontrar una manera de volver a la relación.

Para concluir, Cruz Santos mencionó la importancia de la comunicación asertiva, entender que es un proceso de ajuste, mantenerse en contacto y hacer actividades con su hijo. Los impactos negativos son la pérdida de contacto y comunicación, se descuidan esas relaciones que pueden ser importantes. 

“Mantener la comunicación es esencial, tan pronto vean que se está creando distancia es importante comunicarse y dejar el ego a un lado”, concluyó Cruz Santos al advertir que el proceso de reconciliación implica minimizar los egos y poner de su parte.