La obesidad infantil es un problema de salud que trasciende el peso y requiere mirar tanto los hábitos alimentarios como el entorno en el que crecen los menores.
La nutricionista Ana Torrens Bonano explicó que, desde la perspectiva nutricional, se trata de un patrón de malnutrición caracterizado por un exceso calórico y un bajo consumo de nutrientes esenciales, no de un simple capricho o una mala conducta del menor. Señaló que entre el 21% y 24% de la población infantil y adolescente en Puerto Rico padece obesidad, mientras que la prevalencia alcanza entre 40% y 45%.
A esta estimación se suma una revisión sistemática y metaanálisis publicada en JAMA Pediatrics en 2024, que analizó 2,033 estudios de 154 países y regiones y estimó en 28.4% la prevalencia de obesidad entre niños y adolescentes en Puerto Rico, la cifra más alta entre los países y territorios incluidos en el análisis. El estudio encontró que la prevalencia mundial de obesidad pediátrica era de 8.5 %.
El problema tampoco es exclusivo de Puerto Rico. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 390 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso en 2022, incluidos 160 millones que vivían con obesidad. En ese grupo de edad, la prevalencia mundial del sobrepeso, incluida la obesidad, pasó de 8 % en 1990 a 20 % en 2022, mientras que la obesidad aumentó de 2 % a 8 %.
Más allá de la alimentación, el abordaje también debe considerar el impacto emocional que puede tener crecer en un cuerpo que es objeto de críticas o burlas. La psicóloga Adriana López Motta, con posgrado en Trastornos de la Conducta Alimentaria, destacó que el manejo de la obesidad infantil debe atender tanto la salud física como la mental, particularmente ante el estigma y las experiencias de rechazo que pueden marcar a los menores.
Torrens Bonano identificó entre los factores relacionados con el problema el consumo de alimentos ultraprocesados altos en azúcares refinados, sodio y grasas saturadas, así como el bajo consumo de frutas y vegetales, el sedentarismo, el uso excesivo de dispositivos electrónicos, los hábitos familiares y el nivel socioeconómico.
En términos de salud física, la licenciada en nutrición indicó que la obesidad puede a corto plazo provocar la aparición de problemas metabólicos, resistencia a la insulina, hígado graso, hiperlipidemia, sobrecarga de las articulaciones y problemas respiratorios como apnea y asma. A largo plazo, puede aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y eventos cardiovasculares.
Para López Motta, sin embargo, las consecuencias de estas experiencias pueden extenderse mucho más allá de la infancia. Explicó que los comentarios despectivos sobre el cuerpo, provenientes de familiares, amistades o compañeros de escuela, pueden dejar una huella duradera. “En terapia he escuchado muchas veces adolescentes que de niños tienen obesidad decir: ‘Tengo miedo volver a como era de niña/o’”, relató. Estas experiencias, indicó, pueden contribuir posteriormente a dietas restrictivas, insatisfacción corporal, baja autoestima y al desarrollo de algún trastorno de la conducta alimentaria.
Estrategias para el manejo de la obesidad infantil desde el hogar
En consonancia con ambas expertas, la psicóloga clínica Kalitza Baerga Santini planteó que el manejo de la obesidad infantil debía comenzar por transformar el entorno familiar, en lugar de convertir al menor en “el problema”. Entre las estrategias que recomendó estan mantener disponibles agua, frutas, vegetales y otros alimentos nutritivos; reducir las bebidas azucaradas y los productos altamente procesados; establecer horarios relativamente predecibles para las comidas; evitar comer habitualmente frente a pantallas; proteger el sueño y promover actividades físicas que realmente disfrute el niño. También, enfatizó que los adultos deben servir de modelo y adoptar esas mismas conductas.
Baerga Santini señaló que los padres deben estructurar la alimentación sin ejercer un control excesivo. Mientras los adultos deciden qué alimentos llegan al hogar y cuándo se ofrecen, el niño debe desarrollar progresivamente la capacidad de reconocer sus propias señales de hambre y saciedad. “Cuando el paciente es un niño, la intervención debe ser la familia”, sostuvo.
Ante un caso de obesidad infantil suele haber un choque muy fuerte en cómo manejarlo y cómo expresarlo. Por esto, las tres expertas advirtieron que el lenguaje suele ser uno de los mayores retos. Torrens Bonano indicó que el lenguaje utilizado alrededor de la alimentación puede influir en la autoestima y en la relación del menor con la comida. Por ello, recomendó priorizar un lenguaje que ponga al ser humano primero y elogiar las conductas saludables, en lugar de enfocarse en la apariencia.
Por su parte, Baerga Santini mantuvo que el bullying relacionado con el peso puede llevar a que los menores eviten precisamente actividades beneficiosas para su salud, como deportes, educación física o juegos. Por ello, planteó que la respuesta debe involucrar a la familia, la escuela, la comunidad y el sistema de salud, sin culpabilizar al niño ni a sus padres.
Entre los miembros del hogar, Baerga Santini recomendó una serie de elementos a poner en práctica. Por ejemplo, hablar menos del peso y más de la salud, el crecimiento y el bienestar, además de evitar términos como “gordo”, “dieta”, “comida mala” o “falta de voluntad”. En su lugar, sugirió utilizar palabras como “salud”, “energía”, “fuerza”, “alimentación”, “movimiento” y “cuidar el cuerpo”. La clave es buscar comunicar de la mejor manera posible, desde el amor y sin hacer sentir mal.
En este marco, López Motta también identificó la culpa y la frustración de algunos padres como otro de los obstáculos para manejar la situación. Explicó que muchos no saben cómo abordar las emociones o la alimentación de sus hijos y terminan buscando alternativas rápidas. Uno de los errores que observa es hacerles creer que “todo gira ante el número de la balanza” o que existen cuerpos perfectos. El enfoque, sostuvo, debe centrarse en que el menor tenga “un cuerpo bueno en salud física”.
López Motta recomendó evitar expresiones como “estás muy gordito/a” o “tienes que adelgazar” y sustituirlas por mensajes centrados en la salud, como: “Vamos a mejorar nuestra salud para crecer fuertes y saludables”.
También, sugirió que los padres eviten hablar de dietas, restricciones o de alimentos “buenos” y “malos”, así como presentar la actividad física como un castigo por comer. En cambio, planteó que se debe enseñar a los menores a mantener una alimentación balanceada y ofrecerles espacios seguros para expresar y canalizar sus emociones con apoyo profesional cuando fuera necesario.
Para las familias, la nutricionista Torrens Bonano recomendó concentrarse en la planificación de comidas y compras conscientes, mantener una hidratación adecuada con agua y evitar las bebidas azucaradas. También, sugirió ofrecer platos equilibrados, cocinar en familia, incorporar actividad física familiar y mantener buenos hábitos de sueño.
A nivel sistémico, Torrens Bonano planteó que Puerto Rico debe fortalecer la vigilancia epidemiológica, la educación nutricional y el acceso a alimentos saludables. Entre las medidas que propuso estuvieron mejorar la calidad de los comedores escolares, garantizar el acceso a agua potable, proteger los espacios de educación física y recreación y desarrollar políticas efectivas contra el bullying y el estigma por el peso. “Debe abordarse como un problema de salud pública y no como un problema de apariencia o falta de voluntad del niño”, sostuvo.
En esa misma línea, López Motta señaló que el país necesita mayor educación para los padres, mejor acceso a alimentos saludables, opciones de alimentación más adecuadas en las escuelas, espacios seguros para realizar actividad física y estrategias para reducir el tiempo que los menores pasan frente a las pantallas.
Finalmente, Baerga Santini recordó que la obesidad infantil es una condición multifactorial que no puede reducirse únicamente a lo que come o hace un niño, pues en ella confluyen factores como la alimentación, la actividad física, el sueño, la genética, el entorno familiar y las condiciones socioeconómicas.




![Barreras de acceso para la atención de la salud mental [Columna] salud mental](https://www.esmental.com/wp-content/uploads/2026/09/shutterstock_2697570473-218x150.jpg)
