Fue de pasada a la oficina de una psicóloga clínica para hacerse un chequeo de rutina. Al explicarle un poco acerca de quién era, de dónde venía y cómo se sentía, la psicóloga le ripostó: “¿Tú deseas ser hombre porque piensas que ellos son superiores?”.

En ese instante Leonardo Fermaint Román, un joven trans de 20 años, experimentó cómo aún se perpetúan en Puerto Rico los mitos entorno a la comunidad LGBTQIA que, según el psicólogo clínico Miguel Vázquez Rivera, pueden ocasionar “estrés minoritario”.

Leonardo, al ser trans, siente una disparidad entre el género con el que se le asignó al nacer y con el que se siente identificado. No se ha realizado ni planifica realizarse una cirugía de reasignación de género porque, a su parecer, eso no define “cuán hombre es”. 

Los hombres trans como Leonardo se encuentran agrupados dentro de la comunidad LGBTQIA, que es un acrónimo en inglés que recoge a las personas lesbianas, gays,  bisexuales, trans, queers, intersexuales y asexuales. 

“El discrimen y el prejuicio es bien sutil porque las sociedades avanzadas saben que no se puede discriminar”, dijo Vázquez Rivera, en referencia a las “microagresiones” como frases, chistes y mitos que, en ocasiones, tienden a estar cargadas de prejuicios o estereotipos. 

Las “microagresiones” pueden ocasionar lo que se conoce como la teoría del estrés minoritario. Esta establece que al pertenecer a una minoría social las posibilidades de que padezcan de diagnósticos incrementa.

No obstante, el psicólogo clínico acotó que, aunque sutil, los prejuicios en contra de la comunidad LGBTQIA siguen latentes. 

Más del 60% de los miembros de la comunidad LGBTQIA han sido rechazados por su orientación sexual o identidad de género al buscar algún servicio público, según el estudio “Por la vía de la exclusión”, realizado por la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico.

Incluso, en 2002, se aprobó la Ley Núm. 46, en Puerto Rico, que enmendó la Regla 171 del Reglamento de Procedimiento Criminal para que se añadiera como agravante durante un asesinato el que se cometa por prejuicios como la transfobia.

“Mientras iba creciendo siempre intenté seguir todo lo que mis padres decían porque yo los amaba, yo no los quería decepcionar en nada”, relató Leonardo, estudiante de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. 

Pese a que siempre se había sentido diferente, a los 17 años, descifró en escuela superior lo que sentía. En 12vo grado lo aceptó. Sin embargo, durante el interín estuvo “pa’ alante y pa’ atrás” mientras se preguntaba si en realidad era un chico trans.

El que su familia le enseñara desde pequeño qué es lo que debe ser un hombre o una mujer –de acuerdo a sus creencias religiosas– desembocó en que, “lo que ellos creían, yo lo creía” también. 

En el proceso primero le dijo a su madre. Se encontraba en una fogata junto a los hermanos de la iglesia evangélica a la que asistía desde pequeño cuando optó por alejarse del grupo para escribirle un mensaje de texto mientras lagrimas recorrían sus ojos.

Su mamá, al leer el texto, le respondió: “Te amo, eres mi hijo”.

Luego le dijo a su padre a través de una carta. Una vez lista, Leonardo se la dio a su madrastra para que se la entregase a su papá cuando estuviesen a solas. Al poco tiempo la leyó, pero pasó un año para que le tocase el tema. Si bien es cierto que le dijo que respetaba su vida privada, al día de hoy, aún lo llama con su nombre legal: Shaneira Fermaint Román.

Uno de los primeros antecedentes que se tienen de una mujer o un hombre trans, en Puerto Rico, es el de Ramonita Tirado, de 45 años. Según el autor del libro “San Juan Gay”, Javier Laureano Pérez, tras una disputa con su vecino, en Bayamón, las autoridades la arrestaron, en 1913, por cargos de moral pública. La castigaron liberándola vestida de hombre y cortándole su trenza.

En la década del 40, en San Juan —específicamente en Roosevelt, Miramar y Santurce—, hubo igualmente un grupo de empleadas domésticas a las que llamaban “Los Afeminados”. Laureano explicó que, a pesar de que no se tiene mucha evidencia física al respecto, era un grupo de mujeres trans que limpiaban hogares.

“La cosa se ha elevado a unos niveles que está alcanzando otras esferas de mucha más complejidad que la que teníamos antes”, opinó sobre la visión actual de los jóvenes acerca de la sexualidad y de la identidad de género, así como los retos que aún persisten.

Por lo tanto, el psicólogo clínico Vázquez Rivera enfatizó en que, si no se trabaja a tiempo con el prejuicio interno dentro de la comunidad LGBTQIA, eso “nos lleva[rá] a creernos los mitos que nos dicen”.

“Somos criados y estamos en la misma sociedad que el resto”, advirtió. “Nosotros todos los días escuchamos los mismos mitos que el resto”. 

*Esta historia fue actualizada el 8 de febrero de 2020.