El llamado síndrome del corazón roto existe y puede desencadenarse tras una experiencia emocional intensa, aunque no se limita a las rupturas amorosas

Francisco Merced Torti, cardiólogo especializado en fallo cardíaco, trasplante y medicina de cuidado crítico, explicó que esta condición, conocida médicamente como cardiomiopatía por estrés, provoca un daño real en el corazón y requiere atención médica urgente.

El especialista señaló que cualquier acontecimiento capaz de generar una descarga emocional intensa puede actuar como detonante. 

No tan solamente una ruptura amorosa; puede ser la pérdida súbita de un familiar o cosas tan sencillas como ganar el premio de la lotería”, afirmó. 

Lo determinante, explicó, no es si la emoción es positiva o negativa, sino la intensidad de la respuesta fisiológica que produce.

Por su parte, Carlos Díaz Vélez, cardiólogo y presidente del Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico, advirtió que el síndrome del corazón roto no solo provoca un episodio cardíaco transitorio, sino que, cuando el estrés persiste y no recibe atención, puede desencadenar complicaciones que comprometen el funcionamiento del corazón. Aunque la mayoría de los pacientes logra recuperarse, insistió en que la rapidez con la que se actúa puede marcar la diferencia.

Causas del síndrome del corazón roto

Díaz Vélez explicó que esta afección aparece tras una situación de estrés emocional extremo, como una separación, un divorcio o la muerte de un ser querido, y que el organismo responde con una intensa liberación de hormonas del estrés, especialmente adrenalina. Esa reacción, señaló, puede afectar temporalmente la capacidad del corazón para bombear sangre de forma adecuada. 

Aunque el nombre pueda sugerir lo contrario, Merced aclaró que no se trata de una somatización ni de un problema exclusivamente psicológico. “Aquí sí hay un daño en el corazón”, enfatizó. A diferencia de una somatización, donde los síntomas aparecen sin una lesión orgánica demostrable, en la cardiomiopatía por estrés existe una alteración temporal del músculo cardíaco que puede comprometer su funcionamiento.

Uno de los principales desafíos es que sus manifestaciones son prácticamente indistinguibles de las de un infarto agudo de miocardio. Dolor intenso en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones, mareos o incluso pérdida de conocimiento pueden aparecer de forma repentina. “La presentación tiende a ser bien similar a la de un evento cardíaco agudo; es bien difícil hacer la distinción”, explicó.

Precisamente por esa similitud, el abordaje inicial también es el mismo. El cardiólogo indicó que estos pacientes deben ser atendidos como una emergencia y trasladados inmediatamente a una sala de urgencias. Solo tras realizar estudios especializados, como un cateterismo cardíaco, es posible confirmar que las arterias coronarias permanecen sin obstrucciones y que el origen del cuadro corresponde a una cardiomiopatía por estrés.

A diferencia del infarto clásico, en el que una arteria bloqueada impide el flujo de sangre al corazón, en este síndrome las arterias suelen encontrarse normales. Sin embargo, ambas condiciones pueden provocar insuficiencia cardíaca. La diferencia es que, cuando se identifica a tiempo y se administra el tratamiento adecuado, “en la gran mayoría de los casos es reversible”, destacó.

Merced añadió que, aunque se trata de una enfermedad poco frecuente, representa aproximadamente entre el 1 % y el 3 % de los pacientes que llegan al hospital con sospecha de infarto y cerca del 80 % de los casos ocurre en mujeres, especialmente después de la menopausia. Según explicó, la disminución de los niveles de estrógeno elimina parte del efecto protector que esta hormona ejerce sobre el sistema cardiovascular, aumentando la vulnerabilidad frente a este tipo de eventos.

Asimismo, un análisis del International Takotsubo Registry, publicado en The New England Journal of Medicine y basado en 1,750 pacientes, encontró que casi el 90% de quienes desarrollan el síndrome del corazón roto son mujeres (edad media de 67 años) y que, aunque suele asociarse al duelo o a una ruptura, los desencadenantes físicos fueron incluso más frecuentes que los emocionales (36% frente a 27,7%), lo que demuestra que cualquier situación de estrés intenso puede precipitar la enfermedad.

Según Díaz Vélez, el verdadero riesgo aparece cuando esa situación emocional no se resuelve y el organismo permanece sometido a un estado prolongado de tensión. 

“Si continúa ese estrés, puede afectar al corazón y debilitar la capacidad de bombeo”, afirmó. En esos casos, explicó, la alteración inicial puede evolucionar hacia una miocardiopatía, es decir, un debilitamiento del músculo cardíaco que favorece la aparición de insuficiencia cardíaca.

Además, advirtió que un cuadro prolongado también puede dar lugar a otras complicaciones potencialmente graves. Entre ellas mencionó la formación de coágulos dentro del corazón, alteraciones del ritmo cardíaco, descensos importantes de la presión arterial y acumulación de líquido en los pulmones. “Si no lo atendemos rápido, puede llevar a este tipo de complicaciones cardíacas”, señaló.

Díaz Vélez también reconoció que muchas personas tienden a atribuir estos síntomas únicamente al impacto emocional que están viviendo, retrasando la búsqueda de atención médica. Sin embargo, insistió en que esa puede ser una decisión peligrosa. “No minimicen los síntomas; busquen ayuda”, recalcó. Solo después de descartar una emergencia cardíaca es posible centrarse con seguridad en el tratamiento de la ansiedad, el duelo o la depresión que originaron el episodio.

Para el cardiólogo, el tratamiento no termina cuando se descarta un infarto. Una vez estabilizado el paciente, considera fundamental abordar el origen emocional del problema para evitar recaídas. En ese proceso, explicó, suelen utilizarse betabloqueadores para controlar la frecuencia cardíaca y disminuir la carga de trabajo del corazón, además de medicamentos dirigidos a tratar la ansiedad o la depresión cuando resulta necesario.

No obstante, insistió en que el tratamiento debe ser integral. “Entrar en un proceso de apoyo emocional” es, a su juicio, una parte esencial de la recuperación. Por ello, recomendó acompañamiento psicológico o psiquiátrico e incluso apoyo espiritual cuando el paciente así lo desee, ya que reducir el nivel de estrés también disminuye la carga que soporta el corazón. Asimismo, señaló que la actividad física, una vez autorizada por el médico, forma parte de las estrategias para fortalecer la recuperación cardiovascular.

Además, recordó que los factores de riesgo cardiovasculares habituales, como la hipertensión, el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol, también incrementan la probabilidad de desarrollar complicaciones. Por ello, insistió en que cualquier persona que experimente dolor persistente en el pecho, falta de aire o mareos tras recibir una noticia impactante debe acudir inmediatamente a un servicio de urgencias. 

Para el especialista Díaz Vélez, el mensaje principal es que el bienestar emocional y la salud cardiovascular están profundamente conectados. Por ello, atender una crisis emocional a tiempo no solo favorece la salud mental, sino que también puede prevenir complicaciones físicas que, en algunos casos, llegan a poner en riesgo la vida.