(Foto: Migdalia Barens / Hair & Make up: Didi Saldaña)

En sexto grado ya navegaba por las palabras de Simone de Beauvoir y su mítico libro El Segundo Sexo. Este libro es una especie de “Biblia Feminista” donde la escritora francesa hace un recuento del papel de la mujer en la humanidad a través de los tiempos. Como soy una nerda irredenta, yo leía libros no aptos para mi edad y Beauvoir fue una de mis brújulas afectivas y cognitivas. Sin embargo, aunque era una lectora precoz no tenía que esconderme pues tuve la dicha de contar con una Madre y un Padre que le daban a mis pupilas total libertad. Así descubrí al poeta Neruda, a Ana Lydia Vega y Rosario Ferré, nuestras geniales cuentistas cuando todavía no tenía pelitos en mi papaya. 

También tuve la dicha de tener un Padre que me habló de condones, sexualidad saludable y del derecho que tienen las mujeres de decidir si quieren tener hijes o no. 

Recuerdo cuando Papá me habló de todo esto frente al mar en Ocean Park en uno de esos días que nos llevaba a hacer gimnasia con su amigo, el gran Maestro de nuestras artes plásticas, Lorenzo Homar. Entonces yo me convertía en portavoz, en radio bemba y le contaba a mis amigas de la High lo aprendido porque ellas en sus casas no contaban con esa información. Me sorprende que a estas alturas todavía la educación sexual saludable sea inexistente para tantas personas jóvenes y adultas.

[Paréntesis Líquido] 

Llevo casi treinta años dando clases en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras. Los que me conocen saben que mis estudiantes son parte esencial de mi vida. Solo tengo una hija biológica, pero la vida me ha regalado muches hijes adoptivos, de vida, que pueblan mis soledades y que me acompañan en mis inventos creativos. 

Con horror constato que todavía tenemos muuuuuchoooo camino por labrar y caminar en torno a la sexualidad. El año pasado me sorprendí cuando muchas chicas compartían su sentir en torno a la primera visita ginecológica, por ejemplo. 

Con veinte años muchas chicas nunca habían ido a hacerse un examen ginecológico, no sabían que les iban a hacer, ni que se tenían que desnudar  y poner los pies en esa especie de “Burra”- así le decían en mi juventud- para abrirse como amapolas a los dedos y el toqueteo interno. 

Como me crié entre médicos, para mi la visita ginecológica no suponía un trauma, pero para muchas de mis estudiantes, sí. Me jamaquió el testimonio de una chica que me dijo: “Profesora, en la Escuela Superior hablan de sexo como si fuera una enfermedad, un territorio del miedo. Nos hablan de enfermedades de transmisión sexual, pero no nos orientan en torno a tener una sexualidad saludable y por supuesto placentera”. Yo quedé como dice mi amiga cubana “más quieta que una foto”. No lo había pensado así y es verdad. Todavía seguimos sin conocer nuestra cuerpa. 

[Cierro Paréntesis líquido] 

Es impresionante como todavía en la era del perreo intenso (que me encanta by the way) muchos hombres jóvenes se pierden como en el laberinto de los Minotauros y no saben un carajete de nuestras hermosas papayas. 

Yo que he surcado los mares de la sexualidad con gente de diferentes edades, te puedo decir que hay muchos bizcochitos en la calle, mucho músculo, mucho look, mucha genitalia calva y en la cama son tan macharranes y subdesarrollados como nuestros abuelos. No saben dónde está el melocotón (le dice una amiga al clítoris), no saben cómo acariciar, cómo humedecer y cómo activar las cosquillas en una cuerpa. Te preguntan: «¿Te viniste?» Como quien compra una cerveza, y se encojonan si les dices la verdad: “no”. 

Los testimonios de mis Amigas Hermanas son de terror. Un bizcochito que llega en la madrugada, te pone en cuatro (no tengo nada en contra de esa posición), te asfixia y te das cuenta que por encima de tu grupa está viendo una película porno sin decirte nada. ¡Horror! Para eso que se consiga una muñeca inflable en Condom World y, tan, contento. O el otro bizcochito que le encanta que tu bajes a su pozo, pero el no te come porque no te afeitaste (las calvas genitales están de moda) o porque dizque te huele mal y te quedas más seca que un esparto avergonzándote de tus olores. A propósito de los olores. Me tiene la papaya hinchá tanto comentario, sobre todo en programas radiales, tanto chistecito en torno al olor femenino: que si pescao abombao, que si bacalao, y un largo etcétera. Como si lo de ellos no oliera. ¡¡Joder!! A mi personalmente me encantan los dulces olores a masculinidad, pero si no te gustan un bañito con el bizcochito en cuestión puede ser un buen preludio amatorio. 

En mi solar afectivo les tengo prohibido a mis amigues decir “pussy” como si fuera un insulto, una debilidad. Cuando las “pussies” son mega ultra fuertes. Pupila que me lees ponte a pensar por esas “pusisies” que la sociedad patriarcal denigra es que nace, NACE, la humanidad. No hay órgano más poderoso que una vagina, dale un golpecito a la genitalia masculina y salen corriendo como perritos heridos. Si me van a decir “pussy” que sea porque están alabando nuestra inconmensurable fortaleza.

Cuando digo que soy adicta al olor a hombre y que me jode ser heterosexual, y que me encantaría ser bisexual y no me sale, es porque si algo aprendo de mis Amigas Hermanas que aman a otras mujeres es su conocimiento en torno al orgasmo femenino. Si las mujeres tuviéramos más orgasmos reales creo que la sociedad en general sería más amable y feliz. Muchas nos iniciamos en el sexo con otra persona sin haber experimentado el buen sexo con una misma. 

Una de mis resoluciones de año nuevo es no seguir aguantando el mal sexo por no “hacer sentir mal” al bizcochito en cuestión. El sexo con una misma puede ser muy gratificante. Pupila con papaya que me lees, la tecnología está muy avanzada. Existen vibradores clitoriales (los vibradores no tienen que ser exclusivamente falos para penetrar), existen unos aparatitos maravillosos que si lo sabes usar bien, puedes tener fuegos artificiales y temblores épicos las veces que te dé la gana. En las tiendas especializadas hay gente muy informada que te orienta desde el punto de vista biológico y científico. Te sorprendería el respeto y conocimiento que tienen muchas de las personas que atienden en estas tiendas que no están ahí solo para comprar bombas en forma de falos o dulcecitos para las despedidas de soltera. Atrévete, infórmate, conócete que tener orgasmos papayales no es tan difícil. 

Resolución de año nuevo: ¿a mal sexo, buena cara? ¡NO! A ver si las Pupilos Masculinos que me leen también se ponen pa’ su número que la sexualidad sola o acompañada puede ser una bendición. Gracias por leerme Pupilas, les amo.

*Carola García es actriz, locutora, profesora universitaria, madre, y sobreviviente de cáncer del seno quien vive con la condición de bipolaridad y escribe semanalmente la columna Encarne… ¡Viva!.