Existe esta tradición de que cuando una persona supera el cáncer, toca una campana que ponen en el centro sanitario. Yo quiero unirme a ese grupo. Y me voy a unir a ese grupo.

Sé que muchos de los que me conocen se habrán quedado «fríos» con lo que acabo de escribir, pero sí, tengo cáncer, específicamente cáncer colorrectal. Se me diagnosticó el viernes, 13 de noviembre. Sí, un fatídico viernes 13.

Mi nombre es Jorge Javier Muñiz Ortiz, tengo 40 años y soy periodista.

Mi diagnóstico se dio cuatro días después de hacerme una colonoscopía con el gastroenterólogo Emanuel Warrington, a quien conozco desde nuestra adolescencia, pues estudiamos juntos en escuela superior, lo que nos da a ambos una mayor confianza en este proceso.

Me considero una persona saludable y muy activa al hacer ejercicios entre cuatro y cinco días a la semana y muy sociable. Pero a pesar de sentirme una persona saludable, llevaba varios años sangrando por la excreta. 

Aprovechando varios días de vacaciones, me comuniqué con el Dr. Warrington para hacerme una colonoscopía. Debido a que el día del examen el paciente no puede guiar, el colega fotoperiodista David Villafañe me llevó a la oficina médica del Dr. Warrington en Caguas. Era la primera colonoscopía que me hacía en mi vida, por lo que desconocía el proceso: te duermen al inyectarte un anestésico para no sentir el dolor del instrumento que el especialista introduce por el ano, con él te observa el recto y el resto del sistema digestivo. 

Al culminar mi colonoscopía, el Dr. Warrington me dijo que me llamaría esa misma tarde para contarme lo que vio. Ese aviso me preocupó un poco.

Horas más tarde, me llamó y me dijo que vio «un pólipo bastante grande y que no le gustó cómo se veía», por lo que recogió tejido para hacerle una biopsia y me pidió hacer una cita rápido con el cirujano colorrectal Nicolás López. Con lo difícil que es en Puerto Rico sacar una cita médica, más en tiempos de COVID-19, y el Dr. Warrington me dice que debo acudir a la oficina de un cirujano. Pero bueno, había que hacerlo…

Afortunadamente el Dr. Warrington y el Dr. López tienen una muy buena amistad, y pude conseguir una cita con el cirujano para el miércoles 18 de noviembre. 

El pólipo mide entre 3 y 5 centímetros, o sea entre 1,1 y 1,9 pulgadas, una medida bastante pequeña para cualquier objeto, pero no para un tumor. 

«Yo voy a estar contigo en este proceso. No vas a estar solo», me aseguró Warrington vía telefónica. Esas son palabras de un verdadero profesional, pensé, y mucho más, de un amigo.

Colgamos la llamada y le conté a mi esposa lo que el Dr. Warrington me había contado. Luego, llamé a mi hermano gemelo y a mis padres. A todos les dije: «tranquilos, lo que sea que Warrington haya visto, le vamos a dar de frente». Aún no sabíamos si el tumor era maligno o beningno.

Al día siguiente, seguí mi travesía. Le escribí un mensaje al amigo cirujano general Juan Carlos López de Victoria sobre la recomendación del Dr. Nicolás López por el Dr. Warrington.

Su respuesta fue muy optimista: «Estás en las mejores manos».Además de la colonoscopía, el Dr. Warrington también quiso que me hiciera un CT Scan de pelvis, abdomen y pecho para conocer si el cáncer se había regado a algún órgano.

El viernes, 13 de noviembre, durante toda la mañana y la tarde, y hasta casi cayendo la tarde, sentí una paz interior indescriptible sin saber cuál sería el resultado.Pero sé el porqué me sentía así: porque soy creyente. 

Al atardecer, el Dr. Warrington me llamó para darme el diagnóstico: positivo a cáncer.

No obstante, me dijo que el cáncer estaba en etapa temprana y que la biopsia indicó que no se había regado, lo que me brindó bastante tranquilidad.

Al saber el diagnóstico, llamé a mi hermano gemelo, el Dr. Jorge Gerardo Muñiz Ortiz, y quien se desempeña como toxicólogo en la EPA en Estados Unidos, para contarle.

Después vino la parte más difícil: contarle a mis padres. Hasta su casa llegamos mi esposa y yo. Enfrenté cualquier miedo y la realidad. Les dije la noticia, pero a la vez, los tranquilicé con el resultado del CT Scan.

Luego de este difícil momento, se lo empecé a contar a cuentagotas a mis amistades más cercanas y familiares.

¡Qué difícil es! Fue tan difícil para mí informarles del diagnóstico, como para ellos leerlo o escucharlo. Afortunadamente cuento con un grupo de amigos, amistades y familiares muy queridos. Todos se han mantenido pendientes y preguntándome casi a diario cómo va el proceso.

Varios días antes de la cita con el Dr. López, coincidí en las redes sociales con otra amiga médico, la Dra. Yania López. Gracias a nuestra amistad y confianza, le conté del diagnóstico, del proceso que llevaba al momento y de la cita que tenía pendiente con el Dr. López, a quien conocía muy bien, y que por ello se iba a comunicar con él ese mismo día.

Me impresionó eso, porque yo no le pedí nada. Pero ahora se lo agradezco mucho.

Llegó el día de la cita con el Dr. López. Después de un par de horas de espera, me piden que entre a un pequeño cuarto. Rápidamente llega el cirujano y me dice: «¿Tú eres el famoso Jorge? Tanta gente escribiéndome de ti que te voy a tener que pedir el autógrafo».

Eso me produjo risa, pero a la vez me hizo sentir afortunado de las personas con las que cuento en este proceso.

Tras una pequeña entrevista sobre mis síntomas y un examen del recto en la pequeña oficina, el Dr. López me pidió hacerme un MRI para conocer cómo se están comportando los nódulos linfáticos aledaños al tumor para entonces decidir el próximo paso: operarme y extraer el pólipo o tomar radioterapia y quimioterapia, y dependiendo de cómo actúa el tumor, entonces operarme.

Mi próxima cita con el Dr. López es el 9 de diciembre. Espero que ese día finalmente sepamos el próximo paso.

Tengo que destacar el tacto y profesionalismo con los que me han tratado todos los médicos que me han tratado y ayudado en el proceso..Gracias a las palabras de aliento de estos cuatro grandes profesionales de la salud, me he mantenido muy positivo.

Igual, sigo haciendo ejercicios, tanto por las rutinas que me da mi entrenadora, Yashira Rodríguez, como los varios kilómetros que corro por la urbanización donde residen mis padres o en Condado.

La dieta la he cambiado drásticamente, pues he dejado de tomar alcohol, alimentos fritos, pan criollo y azúcares, lo que me ha hecho sentirme mucho mejor físicamente, y que me ayuda también a mejorar mi rendimiento al correr y hacer mis rutinas de ejercicios.

Estoy muy positivo de que saldré vencedor de este proceso, pues me encanta competir y quien va a ganar aquí soy yo y no el cáncer.

*Jorge Muñiz, periodista y paciente, estará relatando su travesía a medida que se va desarrollando en esta columna.Para cualquier duda, pregunta, recomendación o consejo, me pueden escribirle a: jjmunizortiz@gmail.com