Siendo el trastorno del estado de ánimo más prevalente, el trastorno depresivo mayor sigue siendo motivo de estudio para la ciencia, particularmente en cuanto a cómo biomarcadores sanguíneos podrían servir de ayuda a la hora de su detección.
Los biomarcadores son moléculas biológicas que se encuentran en la sangre, tejidos u otros fluidos corporales y que pueden dar luz en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. En el caso de la depresión, identificarían cambios en el sistema inmunológico y en los niveles de hormonas y neurotransmisores.
De acuerdo con la doctora Katrushka M. Guzmán Ortiz, psicóloga clínica, en los últimos años las investigaciones han resaltado la identificación de los biomarcadores como herramienta útil para complementar o facilitar el diagnóstico de la depresión. Sin embargo, muchas de ellas aún se encuentran en fases preliminares o experimentales y no han sido ampliamente implementadas en la práctica clínica.
Algunos estudios, explicó, han arrojado información sobre ciertas proteínas, hormonas y otros compuestos en sangre que parecieran estar asociados con la depresión. Pero, aún el diagnóstico de depresión continúa basándose principalmente en evaluaciones clínicas y cuestionarios estandarizados.
Otras investigaciones, además, muestran resultados prometedores, afirmó la doctora María del Carmen Torres González, psiquiatra.
Una de estas arroja luz sobre la especificidad de estos biomarcadores sanguíneos asociados con vías neurotróficas, metabólicas, inflamatorias y del eje hipotálamo hipófisis adrenal, dijo.
No obstante, la psiquiatra aseguró que aún se requiere más investigación para validar y estandarizar estas pruebas, antes de que puedan ser implementadas de manera rutinaria en la práctica clínica.
La integración de los biomarcadores: ¿El futuro del manejo de la depresión?
“La integración de estos biomarcadores, con evaluaciones clínicas tradicionales, podría mejorar la precisión diagnóstica y permitir un enfoque más personalizado en el tratamiento de la depresión”, señaló Torres González.
Todavía no existe una forma de evidenciar, bajo un laboratorio o prueba física, “niveles altos de depresión”, como ocurre en condiciones físicas, tales como: diabetes, tiroides, ente otra, aún se presenta mucho estigma sobre los trastornos psicológicos, planteó la doctora Grace M. Soto López, psicóloga clínica y propietaria de Open-Mind Psychology Clinic, localizada en Moca.
Pero, modelos o servicios psicológicos integrativos suponen promover que, antes de llegar a un diagnóstico de salud mental, se puedan descartar otras condiciones asociadas a cambios de humor y estado de ánimo, tales como: problemas hormonales y/o deficiencias vitamínicas. Esto, con el propósito de establecer un plan de tratamiento mucho más certero. Por tal razón, algunos investigadores han seguido estudiando distintas variables para encontrar cómo evidenciar la presencia de la depresión, señaló la doctora Soto López.
Describió que, en Argentina, por ejemplo, científicos documentaron cierta relación entre la depresión y el sistema inmunológico con el objetivo de determinar si era posible identificar la depresión a través de marcadores del sistema inmune (mediante un análisis de sangre), los resultados establecen grandes aportes para el futuro del manejo de la depresión, ya que se asoció con procesos inflamatorios.
Se vio, asimismo, un aumento en ciertos monocitos y linfocitos T, células que buscan combatir enfermedades y/o patógenos. Este proyecto identificó dos marcadores de neuroinflamación elevados (proceso de inflamación en el sistema nervioso central).
Y aunque obtuvo resultados con una confiabilidad amplia del 80 por ciento, los investigadores pretenden continuar explorando dichos cambios a nivel longitudinal (a lo largo plazo), para así poder desarrollar estrategias de manejo para la depresión, desde la intervención temprana.
“Según la Organización Mundial de la Salud, el 5 por ciento de la población adulta, a nivel mundial, padece de depresión. Es decir, aproximadamente, 280 millones de personas sufren de depresión en el mundo. Ante esta cifra tan alarmante se reconoce la imperatividad de estudios, atención, manejo y prevención. Por lo tanto, es posible que estemos cerca de nuevas vías para constatar el diagnóstico de la depresión”, puntualizó la psicóloga clínica.
La licenciada Amanda Pérez Cabrera, psicóloga, recordó que aunque al momento no exista un examen de sangre que dé paso al diagnóstico, como profesionales de la salud mental, se debe considerar la importancia de referir a los pacientes a su médico primario, ya que de este modo pueden confirmar o descartar alguna condición o alteración fisiológica, como lo es la anemia, una alteración en la función de la tiroides e inclusive alguna situación vinculada al hígado, que podría generar fatiga y sintomatología similar a la depresión, sostuvo.
“Resulta beneficioso poder auscultar alguna complicación o alteración antes de poder ofrecer un diagnóstico como depresión. Ciertamente, pueden existir diferentes factores que afectan la sintomatología, por eso, es recomendable que se evalúe el aspecto fisiológico”, agregó.
De ser posible la detección sanguínea, la doctora Guzmán Ortiz reiteró que podría ser una forma más objetiva y rápida de identificación. Que, además, facilitaría la consistencia a la hora de detectar el trastorno y reducir el estigma.
De igual forma, pudiera favorecer la implementación de intervenciones más tempranas o preventivas y dar apertura a la creación y el mejoramiento de tratamientos, recordó.




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