El pasado 15 de marzo, cuando la gobernadora Wanda Vázquez Garced decretó un cierre total del país para evitar la transmisión masiva de la COVID-19, la estudiante, en ese entonces, de décimo grado Alanys Hernández Rivera lamentó perderse la oportunidad de construir los últimos recuerdos con los compañeros que la han acompañado desde preescolar.

Casi siete meses más tarde, la alumna del Colegio Amarileen, en Carolina, teme no socializar nunca más con sus amigos como lo acostumbró a hacer durante 13 años. A la adolescente, quien reconoce que ha perdido el contacto con muchos de los compañeros con los que tenía un vínculo directo, le preocupa que ni su maestra ni el estudiantado propicien conversaciones relacionadas a los eventos de graduación del próximo año.

 

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“Pienso que tienen miedo a aceptar la realidad de que no nos volvamos a ver”, señaló.

Por otro lado, su hermano de 10 años, Luis Alexander Hernández Rivera, añora las horas de recreo en las que podía jugar con sus amigos sin la intervención de un adulto. Ahora, los videojuegos son su único medio de conexión con personas de su edad.

La educación a distancia ha provocado que niñas, niños y adolescentes como Alanys y Luis Alexander dejen de socializar con pares, pues la pantalla de un dispositivo electrónico o el módulo educativo pueden solventar el aprendizaje académico, mas no las técnicas sociales que se adquieren mediante la interacción entre personas, aseguró la psicóloga escolar Patricia Landers Santiago.  

“La socialización en los niños es bien importante porque permite que ese menor pueda poner en práctica y desarrolle sus destrezas (sociales) y que entienda que no es la única persona en el universo”, apuntó la expresidenta de la Asociación de Psicología Escolar de Puerto Rico (APEPR).

Agregó que, en las primeras etapas escolares, los seres humanos aprenden a compartir, a convivir y a negociar, a ser más empáticos y a identificar los códigos comunicativos.

Estudios reseñados por el Instituto Nacional de Investigación de Educación en el Hogar apuntan a que las personas que reciben instrucción en sus casas sobrepasan las medidas promedio de desarrollo social y emocional que incluyen la interacción entre compañeros, las habilidades de liderazgo, la cohesión familiar y la participación en el servicio comunitario.

No obstante, de acuerdo con los datos planteados, las personas que son educadas en sus hogares, en su mayoría, asisten a actividades extracurriculares deportivas o artísticas en las que socializan con pares, pero, a causa del distanciamiento físico, estas prácticas se han limitado o, por momentos, prohibido.

Según la psicóloga Landers Santiago, la interacción entre un menor de edad con un adulto no es la misma que la que el niño o adolescente pueda sostener con una persona con la que comparta los mismos intereses.

La maestra de teatro del colegio CIEM Private School, Cristina Rodríguez Molina, destacó que la dinámica virtual está muy alejada de su antiguo ambiente educativo, pues, en su salón, siempre había algarabía.

Serio el impacto a la socialización

“Yo les pido que, por favor, me hablen… Les doy el ‘break’: ‘Miren, en este tiempo a lo que la computadora o la tarea no me quiere subir, prendan los micrófonos y cuéntense algo’, pero ni así hablan”, subrayó la docente que imparte clases a estudiantes de 3 a 18 años.

Para Rodríguez Molina, el salón virtual no brinda la intimidad que otorgaba sentarse, uno al lado del otro, y hablar en voz baja. Añadió que le preocupa que sus estudiantes de escuela preescolar, tras casi dos meses del inicio de clases, no conozcan los nombres de sus compañeros.

Esta interacción se torna más compleja cuando los menores no cuentan con el equipo electrónico esencial para mantener el contacto con personas que veían, con más frecuencia, que a su propia familia.  

Luego de un mes de confinamiento para evitar el colapso del sistema de salud pública, el Departamento de Educación (DE) aprobó a su alumnado sin que culminara el semestre

En ese entonces, el secretario de la agencia, Eligio Hernández Pérez, prometió que, antes del inicio del próximo año escolar, estudiantes y docentes contarían con los dispositivos electrónicos necesarios para evitar que el proceso de enseñanza se afectara nuevamente.  

Sin embargo, una investigación de El Nuevo Día reveló que solo el 19% de las computadoras  y tabletas compradas por el DE habría sido entregado a alumnos y maestros en o antes de agosto. En una entrevista radial, a mediados de septiembre, por la emisora 11Q, Hernández Pérez aseguró que  la agencia que dirige había entregado 88,260 dispositivos inteligentes entre directores, docentes y estudiantado, lo equivalente a 8 puntos porcentuales más que lo reportado por el diario. 

La trabajadora social del plantel escolar Rafael Rivera Otero en San Juan, Lydimar Garriga Vidal, cuestionó ¿cómo se puede preservar la socialización del estudiantado si el DE no ha provisto los recursos para garantizar el derecho a la educación? Detalló que, actualmente, su labor y la de sus colegas cubre desde llamadas telefónicas para conocer las necesidades del alumnado hasta visitas a hogares para brindar servicios que solo se pueden garantizar de forma presencial.

“En algunos casos, no hemos podido hacer contacto porque los teléfonos están desconectados o mamá no tiene acceso a Internet y computadora…Tenemos un solo celular para tres o cuatro estudiantes en la casa”, destacó la también integrante de la Federación de Maestros de Puerto Rico.

Adiós a los modelos, los aliados y la espontaneidad

Durante estos meses, de acuerdo con la psicóloga Landers Santiago, los niños han vivido un duelo por la pérdida de amistades y maestros. Estos últimos, a juicio de la profesora de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, son modelos a seguir y, hasta cierto punto, los estudiantes “van a la escuela idolatrando a esa persona y queriendo aprender de ella”.

En la escuela Juanita García Peraza de la ciudad capitalina, han organizado entregas de materiales vía “servicarro”. La directora de este plantel, Carmen Dechoudens Ruiz, acentuó que los estudiantes más pequeños se “emocionan mucho” al ver a sus maestros.

Por su parte, los adolescentes, a diferencia de la creencia general, extrañan la escuela, debido a que era el lugar en el que buscaban refugio cuando se sentían incomprendidos en sus hogares. En el plantel, hallaban protección en amigos, consejeros o, incluso, en el dueño de la tienda de dulces, subrayó la psicóloga escolar.

El estudiante universitario de primer año Diego Rodríguez Martínez admitió que la dificultad para mantener la relación con sus amistades más cercanas provocó que estuviera “al borde de la melancolía”.

“Se me ha hecho difícil estar en contacto con ellos (sus amigos)…para poder expresar mis emociones con ellos y vacilar un rato. Me ha chocado, he estado bastante triste y he sentido molestia, incomodidad y frustración”, reconoció el joven de 18 años, quien aún no ha ingresado a un salón de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras.

Así como Rodríguez Martínez ha usado programas de videoconferencias para tomar sus cursos, los videojuegos y las redes sociales se han convertido en los medios para que niños y adolescentes mantengan la conexión con los compañeros que veían a diario.   

No obstante, según la expresidenta de la APEPR, estas herramientas no propician, completamente, la socialización, pues la interacción requiere del lenguaje no verbal y de una gran profundidad y amplitud de temas. Señaló que, en los videojuegos o en las redes sociales, las conversaciones se restringen a asuntos particulares.

“Lo enriquecedor de una interacción en persona es la necesidad de improvisar y de aprender cosas en el momento, de que van a hacer preguntas de otros temas, de que va a ocurrir algo y…ver cómo tú manejas eso”, apuntó Landers Santiago.

Recomendaciones ante la pérdida de la interacción

La psicóloga escolar Angélica Pérez Ramírez explicó que la inteligencia emocional se adquiere mediante la socialización, y se coloca a prueba, conforme avanza el tiempo, en distintas circunstancias. Este razonamiento se compone de la empatía, motivación, autorregulación y autoconciencia.

Según la también profesora de la Universidad Interamericana de Puerto Rico Recinto de San Germán, esta generación estudiantil puede que enfrente dificultades para sobrellevar ciertas circunstancias cuando el ambiente le exija algo que no han aprendido. 

Por tanto, Pérez Román recomienda que los docentes propicien espacios dinámicos y espontáneos mediante la discusión de asuntos cotidianos al inicio de la clase o la división del grupo en uno más pequeño.

La maestra de segundo grado del DE Cinthia Vasallo Guzmán se reúne con sus estudiantes “algunos días” para conversar sobre mascotas o cantarles cumpleaños a sus pupilos. Sin embargo, siente que este esfuerzo no es suficiente.

Ambas psicólogas escolares coincidieron en que, para evitar que la carencia de socialización afecte la salud emocional de niños y jóvenes, madres, padres y encargados deben ser pacientes y dar pie a diálogos en los que no se etiqueten los estados de ánimo como algo negativo.

En cuanto a las escuelas, sugirieron que los alumnos se reintegren, gradualmente, a la educación presencial para evitar el contagio de la COVID-19 y prevenir que los estudiantes se perturben al encontrarse con personas que, debido al tiempo transcurrido, quizás perciban como desconocidas.

Los hermanos Hernández Rivera desean regresar al plantel escolar para compartir con sus compañeros como lo solían hacer. No obstante, Luis Alexander teme a que alguien le transmita el virus y Alanys cuestiona si recibir clases presenciales garantizará la socialización, pues, según los protocolos que se implantarían, estaría siete horas sentada en un pupitre sin la posibilidad de salir del salón. 

«Aquí, en mi casa, al menos, puedo ir a mi cuarto. En la escuela,…vamos a estar, en el salón, sin movernos, hasta que nos busquen», destacó la joven de undécimo grado.