La pandemia del COVID-19 ha provocado un período de enormes pérdidas, cambios e incertidumbre. Los niños y jóvenes experimentaron el cierre repentino e inesperado de la escuela con pocas oportunidades de despedirse de sus amigos y maestros.  Ellos tuvieron que que adaptarse a una nueva forma de  vida, aprendizaje y socialización. Muchas rutinas, actividades y planes estuvieron en pausa o fueron cancelados. 

Todos estos cambios han afectado el estado de ánimo y la salud mental de muchos niños. En algunos casos, estos cambios desencadenaron sentimientos de pérdida, tristeza, inestabilidad e impotencia. En niños que ya tienen retos de salud mental, como trastorno de ansiedad o depresión, el efecto se ha magnificado.

Aún no sabemos con certeza la totalidad del impacto de esta experiencia en la comunidad escolar y los niños, pero en estos momentos las familias se enfrentan con el desafío de comenzar prepararse para el próximo año escolar. 

Para muchos todavía no está claro cuándo las escuelas volverán a abrir por completo o como será esa experiencia cuando lo hagan. Es probable que con las medidas de distanciamiento social la experiencia en la escuela sea muy diferente a como era antes del cierre para los niños, los jóvenes y los maestros.

Los protocolos más populares nos indican que quizás sólo estén en días alternos a la semana o se mantengan en pequeños grupos. Es posible que no puedan socializar con sus amigos o usar el equipo y los recursos escolares como antes. Pueden tener un maestro y asistentes de enseñanza diferentes o estar en un salón diferente.

Luego de toda la experiencia de la cuarentena, la transición de regreso a clase cuando termine el verano puede ser un momento estresante para niños y  padres. El miedo y la ansiedad que muchos sintieron durante la pandemia pueden significar que tomará tiempo para que los niños se sientan seguros cuando regresen a la escuela. 

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta normal ante los cambios, pero los padres deben saber la diferencia entre la inquietud normal de regreso a la escuela y la ansiedad que requiere atención clínica. La ansiedad puede presentarse en forma de miedo o preocupación, pero también puede hacer que los niños estén irritables y enfadados. Los síntomas de la ansiedad también pueden incluir problemas para dormir, además de síntomas físicos como fatiga, dolores de cabeza o dolores de estómago.

De la  misma manera podemos esperar cierta timidez y la preocupación por los horarios, el trabajo escolar, las actividades, los amigos  o los maestros son naturales durante la transición de regreso a la escuela. Sin embargo, el aislamiento o las preocupaciones continuas pueden indicar que el niño necesita más apoyo.

Cuándo los padres deben preocuparse por la ansiedad

  • Observan constante preocupación sobre lo que puede salir mal.
  • El niño tiene dificultades extremas llevándose bien con familiares o amigos.
  • El niño evita las actividades que disfrutaba dentro y fuera de la escuela.
  • Si se presentan quejas frecuentes o síntomas físicos como dolores de estómago, fatiga y cansancio.
  • Problemas para dormir de noche o insistencia para dormir con los padres.
  • Preocupaciones o miedos que interfieren con las actividades diarias normales.
  • Angustia persistente a pesar del consuelo de un adulto.

Cuando la ansiedad causa una gran angustia en la vida diaria de los niños e impacta el  funcionamiento académico, social o emocional, o cuando los síntomas de ansiedad persisten más allá de las primeras semanas de escuela, parecen excesivos e interfieren con la vida de un niño y de su familia, puede que  se requiera una intervención.

¿Qué hacer para preparar  a los niños?

1- Prepárelos para qué esperar y clarifique expectativas.  

Ayudar a los niños a prepararse para el cambio es el primer paso para abordar cualquier transición. Los niños a menudo encuentran el cambio particularmente difícil, especialmente si el cambio es repentino y no lo entienden. Es importante hablar abiertamente sobre cuándo y por qué sucederán las cosas, ya que esto ayuda a los niños a entender el mundo que los rodea. Además puede ayudarlos a sentirse seguros y protegidos. Trate de hablar con sus hijos con detalles lo antes posible sobre qué esperar para limitar las sorpresas. Por ejemplo, será importante que conozca qué medidas de seguridad está implementando la escuela. Enseñar a los niños medidas preventivas positivas, y darles una sensación de cierto control sobre su riesgo de infección puede ayudar a reducir la ansiedad.

  1. Regrese a la rutina

Regresar a una rutina es una excelente manera de prepararse para el regreso a la escuela. Es recomendable comenzar de dos a tres semanas antes a preparar los aspectos prácticos para la escuela, por ejemplo, comprar materiales escolares y uniformes. Al mismo tiempo también haga ajustes gradualmente para que los niños estén listos para la escuela. Por ejemplo, establezca un nuevo horario de dormir, si la hora de acostarse y la hora de despertarse cambió durante la cuarentena.

3-  Fomentar el diálogo

A veces, a los niños les resulta difícil hablar sobre cómo se sienten. Es posible que no tengan las palabras o no sepan qué decir. Podemos ayudarlos ofreciendo  explicaciones de lo que sucede, compartiendo nuestros sentimientos y haciendo preguntas abiertas como punto de partida para las conversaciones. 

Algunas preguntas que los padres podrían hacerles a los niños para ayudarlos a hablar sobre sus sentimientos sobre el regreso a la escuela son:

  • ¿Qué tienes ganas que suceda?
  • ¿Qué crees sea difícil?
  • ¿Qué crees que estará bien?
  • ¿A quién tienes ganas de ver?
  • ¿Qué es lo más que extrañaste?
  • ¿Qué cosas quieres aprender?
  • ¿Qué puedo hacer para ayudarte?

Una vez comience la escuela siga fomentando la comunicación y escúchelos. En vez de sólo preguntar sobre su día, inicie conversaciones para ayudarlos a abrirse y compartir sus experiencias y sentimientos. 

Aquí hay unos ejemplos:

  • ¿Qué te gustó de tu día?
  • ¿Qué fue difícil de tu día?
  • ¿Qué salió bien hoy?
  • ¿Qué te hizo reír?
  • ¿Cómo fuiste valiente hoy?
  • ¿Cómo fuiste creativo?
  • ¿Con quién compartiste en el almuerzo?
  • ¿Cuál fue la regla más difícil de seguir?
  • ¿Qué te hizo sentir orgulloso?
  • ¿Qué te hizo sentir feliz?
  • ¿Qué te hizo sentir amado?
  • ¿Si pudieras cambiar algo sobre tu día, que sería?

3- Escúchelos

Es muy importante estar disponible para escuchar los pensamientos y sentimientos de los niños. Cada niño es diferente y experimentará las cosas a su manera.  Respete sus sentimientos. Reconocer sus sentimientos sin juzgar o necesitar encontrar soluciones de inmediato puede ayudar a los niños para que se abran y compartan sus preocupaciones. No los interrumpa. Asegúrele que sus sentimientos son naturales y que usted está allí para ellos. 

4- Ofrezca apoyo

Dé ejemplos de cómo controlar la ansiedad de forma sana. Por ejemplo, no oculte que usted experimenta estrés y ansiedad. Permita que los niños vean que usted sabe controlarla, tolerarla, y ha sido capaz de superar momentos de ansiedad con tranquilidad. La mejor manera de ayudar a los niños a superar su ansiedad es ayudarles a aprender a tolerarla lo mejor que puedan. Con el tiempo, la ansiedad irá disminuyendo.

Si los niños están ansiosos por regresar a la escuela o separarse de sus padres, puede recordarles las cosas que disfrutan en la escuela. Identifique algunas actividades divertidas para ayudar a aumentar la positividad y el sentido de logro de los niños. Puede ser útil hablar con los niños sobre lo que permanece igual, así como sobre lo que está cambiando durante los tiempos de transición; esto puede aumentar su sensación de estabilidad. 

5- Autocuidado

La pandemia de coronavirus ha ejercido una enorme presión sobre los padres. Es importante tomarse el tiempo para cuidar de nosotros mismos. Identifique qué es lo más que le preocupa, aclare sus dudas, practique ejercicios de relajación. Cuando dialogue con sus niños hable de manera calmada.

En resumen, el regreso a la escuela en tiempos de  COVID-19, aunque despertó ciertas inquietudes en las familias, es también una gran oportunidad para que los adultos modelemos para los niños la resolución de problemas, la flexibilidad y la compasión a medida que todos nos ajustamos al regreso a la escuela en nuestra nueva realidad.

*La autora es psicóloga clínica especializada en niños y familia.

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