La diabetes y la depresión son enfermedades que se relacionan por ser factor de riesgo la una de la otra y viceversa, según la endocrinóloga Margarita Ramírez, quien se presentó en el Primer Congreso de Salud Mental celebrado en el hotel San Juan Marriott Resort & Stellaris Casino en Condado.

“Siempre se ha cuestionado si existe una relación fisiológica entre los que es diabetes y depresión. Estudios epidemiológicos indican que esa relación es un factor de riesgo (de la depresión) para el desarrollo de diabetes y también que la diabetes es un factor de riesgo para el desarrollo de la depresión”, aseguró la experta que lleva más de 25 años atendiendo pacientes diabéticos y actualmente se desempeña como Presidenta del Comité de Credenciales y Nominaciones de la Sociedad Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetes (SPED).

 

Publicidad

La depresión es una de las enfermedades más ignoradas en los pacientes que sufren diabetes a pesar de que tiene una prevalencia en alrededor del 35% de los casos, que el no diagnosticarla a tiempo está directamente relacionado a una peor calidad de vida, así como el que no tratar las enfermedades en conjunto retrasa la recuperación de la salud integral, según Ramírez.

“Lo triste de esto es que solo del 25 al 50% de estos son diagnosticados y tratados de su depresión a pesar de que se ha visto que si tú tratas uno, el otro va a mejorar consecuentemente”, puntualizó.

Ramírez reconoció que, en ocasiones, a los expertos y a los pacientes se les hace difícil diagnosticar que tienen depresión porque los síntomas son parecidos a los que provoca la diabetes. Por ejemplo, explicó que si una persona siente tristeza recurrente, un síntoma de la depresión, podría confundirlo con el síntoma de la diabetes relacionado a un sentido de desánimo y, pensando que es consecuencia del deterioro de la salud física solamente, no busca la ayuda necesaria o su médico no lo refiere a un especialista en salud mental.

“Ellos están todo el tiempo pensando ‘pues me siento cansado’, pueden ser síntomas de depresión, pero ellos se lo van a achacar a la condición (de diabetes)”, explicó.

Aunque existan dificultades para diagnosticar la depresión en pacientes diabéticos, según Ramírez es importante que se consiga porque en estos enfermos tiende a durar más tiempo y provocar más recaídas. Añadió que es muy común que las personas con enfermedades crónicas estén más propensas a sufrir depresión y, por tanto, los diabéticos son parte de ese grupo.

Dentro de las divisiones en la diabetes, existe una mayor incidencia de depresión en las personas con diabetes tipo 1 “y se entiende que es porque como a estos se les diagnostica en personas más jovencitas, están más vulnerables a la depresión”, dijo la endocrinóloga.

Algunos estresores para los diabéticos, que pueden llevarlos a la depresión, están asociados a ideas como que el uso de insulina es hasta la muerte, que según Ramírez no es así en todos los casos, les preocupa que van a tener que hacer cambios radicales en su estilo de vida como dejar de consumir dulces, que la aplicación de la insulina es a través del pinchazo de una aguja, etcétera.

Los factores de riesgo, por su parte, podrían relacionarse a que sean más jóvenes, como en el caso de los diagnosticados con diabetes tipo 1, preocupación por los costos para el tratamiento, menos apoyo social como el no estar casado, que el paciente sea de sexo femenino porque tiende a expresar más lo que siente que los hombres, según Ramírez, entre otros.

En algunos casos, además de estos factores, existen barreras que dificultan el tratamiento como que el paciente no acepta el diagnóstico y se enfoca más en las manifestaciones físicas que en el tratamiento, subestimar la severidad de la depresión o no quieren decirlo por el estigma social que conlleva el tener una condición de salud mental.

“A más complicaciones, más depresión”, dijo la experta.

Según explicó Ramírez, la depresión es “un factor predictivo para el número de severidad y complicaciones diabéticas”, lo que demostró un estudio masivo del que hizo mención durante su participación, en el que se descubrió que las pacientes deprimidos con un diagnóstico de diabetes tipo 1 tienen 37% mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

En algunos casos, dependiendo de la ingesta del paciente, la depresión también puede alterar los procesos metabólicos del sistema humano.

“También se han visto un efectos fisiológicos de la depresión en el metabolismo de la glucosa… un aumento en las hormonas de estrés que va a llevar a una activación proinflamatoria que lleva a la resistencia de insulina”, aseguró la endocrinóloga.

La diabetes, a su vez, también juega un papel crucial en la aparición de la depresión, inclusive en personas que sufren la enfermedad y aún no han sido diagnosticadas.

“Como reacción a las dificultades que conlleva vivir con una enfermedad crónica bien demandante como es la diabetes y que es asociado a condiciones debilitantes, ya por eso nada más pues vamos a estar en más riesgo de tener depresión, pero se ha encontrado también que hay una mayor prevalencia de depresión inclusive en aquellos pacientes diabéticos que todavía no saben que son diabéticos. Eso lo que nos dice es que no solamente es por la carga emocional que conlleva el diagnóstico, sino que hay otra cosa más trabajando ahí que une las condiciones”, añadió la experta.

Esto significa que el hecho de que el metabolismo esté comprometido por una enfermedad como la diabetes o como la depresión podría ser consecuencia de malos hábitos de alimentación que pueden venir acompañados de estrés excesivo o por separado.

Según la experta, el no tratar la depresión podría obstaculizar el tratamiento para la diabetes y conllevar consecuencias como:

  • Pobre control glucémico
  • Aumento en los riesgos de infarto cerebral
  • Mortalidad cardiovascular
  • Mortalidad en general
  • Aparición más temprana de las complicaciones
  • Disminución acelerada en la función cognoscitiva
  • Aumento en la carga económica por costos de salud

Pese a la evidencia científica, muchos pacientes tienden a negar que se sienten deprimidos. Le ha sucedido a Ramírez que muchos de ellos dicen no estar enfermos mentalmente, pero luego se niegan a recibir tratamiento para la diabetes por razones que no son de peso, por lo que entonces la doctora puede identificar que en efecto sucede algo más allá de la condición física.

“Los profesionales de la salud pueden hacer dos preguntas básicas que le dan una idea de lo que está pasando. ‘¿Durante el último mes has notado tener poco interés o placer en hacer las cosas? ¿O has notado sentirte triste, deprimido y sin esperanza?’ Si el paciente contesta que sí, se le pregunta si quiere recibir ayuda para este problema en particular, y si contesta que sí, entonces hay que entrevistarlo formalmente para diagnosticarlo y referirlo para tratamiento”, explicó Ramírez, quien luego volvió a enfatizar la importancia de que se traten ambas condiciones al mismo tiempo.