A medida que van creciendo, los niños y niñas deben cumplir con ciertas metas dependiendo de la etapa de desarrollo en la que se encuentren. Sin embargo, hay algunos comportamientos que podrían indicar que algo no anda bien y que es hora de consultar con un especialista para saber si hay alguna condición de fondo que debe atenderse. 

Es Mental consultó con dos especialistas en el desarrollo infantil para conocer qué signos y síntomas deben ser motivo de preocupación para padres y madres. La presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría (SPP), la Dra. Mariely Agosto Pérez, y el psiquiatra Dimas Tirado, que posee una subespecialización en niños y adolescentes, dieron detalles de algunos de estos comportamientos. 

Mayor irritabilidad y llantos frecuentes 

Es normal que los infantes de 0 a 3 años y los niños de 4 a 6 años lloren, pero cuando se convierte en algo excesivo que viene acompañado de una mayor irritabilidad, podría ser indicio de algo más, dijo Agosto Pérez. Podría tratarse tanto de una dolencia física que sufre el pequeño, como de efectos del estrés por alguna situación en el hogar. 

Si este comportamiento viene acompañado de una mayor necesidad de estar con los padres, de una pérdida de interés en el juego o de un interés en asumir acciones de los adultos, “algo está pasando”, sostuvo Agosto Pérez, por lo que es momento de consultar con un pediatra para ver qué acciones tomar. 

Rezagos en el habla y problemas para socializar y comunicarse

Si un niño menor de seis años tiene problemas para comunicarse o para socializar con otros niños de su edad, esto podría ser indicio de algún trastorno en el desarrollo, dijo Tirado. Lo ideal es consultarlo con un pediatra para saber si se trata de problemas del habla, algo que puede tratarse con terapia del habla, o de alguna otra situación. 

Si estos comportamientos vienen acompañados de movimientos repetitivos, podría ser un indicio del trastorno del espectro autista

“Se trabaja en colaboración con el pediatra, neurólogos pediátricos o psiquiatras pediátricos para descartar algún trastorno del desarrollo, como lo es el autismo, la incapacidad intelectual o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)”, explicó el psiquiatra.

El menor no quiere estar lejos de los padres o encargados

A medida que comienza la etapa escolar, si un menor se niega a alejarse de sus padres o encargados, esto podría ser indicio de algún tipo de ansiedad por separación. “En la edad escolar, lo más común son los trastornos de ansiedad. Pueden desarrollar síntomas físicos, como dolor de cabeza, de barriga, vómitos”, explicó Tirado. 

Pesadillas constantes que le impiden dormir 

Las pesadillas pueden ser comunes en infantes y niños, pero si esto afecta su calidad de sueño podría ser una respuesta de trauma, dijo el psiquiatra. Podría ser por una situación de abuso o negligencia, pero también una respuesta a una situación traumática, como un accidente de tránsito, un fenómeno atmosférico o un incidente familiar. 

“También podría ser un trastorno de ansiedad. La ansiedad por separación de estar lejos de los padres es muy común y puede provocar pesadillas”, dijo Tirado. 

Orinarse en la cama, cuando ya había dejado de hacerlo 

Es normal que los infantes tengan “accidentes” cuando están aprendiendo a ir al baño y a controlar sus esfínteres. Sin embargo, si un niño vuelve a orinarse en su cama cuando ya había dejado de hacerlo, podría ser un indicio de problemas para enfrentar una situación estresante. 

“No necesariamente tiene que tener un trastorno de salud. Si hay una situación difícil, puede que regresen a comportamientos que hacían en el pasado”, dijo el psiquiatra. Agregó que siempre es importante descartar algún problema de salud, como la condición física de enuresis, para la cual un urólogo pediátrico podría tener un tratamiento adecuado. 

Comportamientos sexualizados o dibujos de contenido sexual 

“Los comportamientos sexualizados son una bandera roja para nosotros”, dijo Tirado. Esto podría venir acompañado de actitudes como que el menor esté cohibido, asustado o que se sienta amenazado todo el tiempo. “Tenemos que estar pendiente que no haya un problema de trauma” por un caso de negligencia o de abuso sexual, dijo el psiquiatra. 

Cambios drásticos en las calificaciones y desempeño escolar 

Cuando los niños bajan las notas o tienen un cambio en el desempeño escolar, esto podría ser un indicio de problemas para concentrarse, problemas de aprendizaje o alguna situación en el entorno escolar, dijo la presidenta de la SPP. Todo cambio drástico en el comportamiento de un menor podría ser un indicio de que algo le sucede. 

“Tenemos que escuchar y preguntar cómo puedo apoyar. Hay que dedicarle tiempo al niño, supervisarlo en los estudios, acompañarlo en los deportes que realiza”, sostuvo Agosto Pérez. 

Si se trata de preadolescentes y adolescentes, los cambios en las notas también podrían ser un indicio de depresión o ansiedad, indicó el psiquiatra. En los adolescentes, estos cambios podrían estar acompañados de irritabilidad, agresividad o inclusive algún problema de abuso de sustancias. 

Actitudes desafiantes y agresividad 

Tirado explicó que hay algunos trastornos, como el autismo, que muestran algún grado de agresividad porque es la forma de estos niños canalizar su frustración. Pero si no existe este diagnóstico y hay actitudes desafiantes o agresivas, habría que descartar un trastorno de la personalidad o TDAH, sobre todo en preadolescentes y adolescentes. 

Pérdida del apetito o consumo excesivo de alimentos 

Todo cambio en la alimentación de un menor puede ser una señal de alarma, dijo el psiquiatra. Por eso es importante descartar algún trastorno de alimentación o que sea un síntoma de depresión. Esto también puede venir acompañado de otros síntomas, como problemas para dormir, falta de energía y concentración, sudoración excesiva y dolores en el pecho, cabeza o gastrointestinales. “Podrían estar somatizando lo que les pasa”, sostuvo Tirado. 

Amenaza con autolesionarse 

Las autolesiones pueden ser comunes en los adolescentes, sobre todo en féminas. No necesariamente lo hacen con la intención de matarse. Es una manera de expresar sus sentimientos, de sentir otras emociones o de llamar la atención. Hay muchas razones”, explicó el psiquiatra. 

¿Cómo reaccionar a estas situaciones?

El pediatra siempre va a ser la primera opción. Puede escuchar a los padres y madres, darle herramientas para gestionar las emociones e indicarle cuál es el próximo paso”, dijo la presidenta de la SPP. Un pediatra puede solicitar que le hagan estudios de seguimiento al menor y determinar cuál será el próximo especialista a visitar, que dependiendo de la situación puede ser un psicólogo, un psiquiatra, un neurólogo, entre otros. 

Agosto Pérez resaltó la importancia de que los padres y madres desarrollen buenas relaciones con sus hijos, que les enseñen sobre higiene personal, indaguen en sus relaciones y amistades en la escuela y se interesen en las actividades que realizan los menores cada día. 

Tenemos que tener una conversación asertiva, darle importancia a un niño cuando dice que no se siente bien, que no quiere comer. Tenemos que escuchar evitando los gritos, manotazos y actos desesperados, porque eso no funciona”, insistió la experta. 

Por su parte, el psiquiatra Tirado recomendó a los padres “mantener la calma y escuchar a los profesionales”. Y también solicitar segundas opiniones, en caso de que se queden con la duda de que algo sucede. “Debemos pensar que le puede pasar a cualquier niño o niña y debemos tomar acción porque hay tratamientos que funcionan”, agregó.