Despertar en la mañana, tomar una ducha, alistarte para emprender un día de trabajo, en fin, todo lo que hacemos, sentimos o pensamos parte del cerebro. Es el órgano del cuerpo más complejo y el más que trabaja.

Las neurociencias son las disciplinas que han permitido la exploración de caminos inimaginables, basándose principalmente en estudios rigurosos sobre la estructura y el funcionamiento cerebral.

El abordaje de las neurociencias al funcionamiento cerebral es multidisciplinario, engloba un conjunto de disciplinas cuyo objeto de estudio es el funcionamiento del sistema nervioso, como lo son: la neurología, la genética, la psiquiatría, la química y la (neuro) psicología. Cada una de estas aproximaciones nos ayudan a comprender los procesos mentales, particularmente aquellos complejos como la inteligencia, la personalidad o las emociones.

Saber qué hacer, cuándo hacerlo y cómo hacerlo son parte fundamental de las capacidades del sistema nervioso. Pero, ¿de qué se trata exactamente? Está dividido en dos partes primordiales: el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico.

El primero está formado por el cerebro y la médula espinal. Mientras que el segundo está compuesto por fibras nerviosas que provienen de la médula espinal y que se extienden a todas las partes del cuerpo. Así pues, las neurociencias buscan comprender cómo esta red interna integra y selecciona información para interactuar de manera adaptada con el entorno, y de esta forma entender cómo funcionan nuestros pensamientos, sentimientos, motivaciones y comportamiento.

¿Por qué son importantes las neurociencias?

Uno sus objetivos es entender las bases biológicas de nuestra vida emocional, su interacción con el pensamiento, y cómo las enfermedades alteran la regulación de la emoción y las acciones. Los neurocientíficos intentan descifrar cómo prevenir la diversidad de trastornos y enfermedades que surgen tras el funcionamiento deficiente del sistema nervioso, vital para el mantenimiento de nuestra salud y bienestar. Esto es parte de su vital importancia.

Aportaciones de las neurociencias en nuestra salud y bienestar

Las investigaciones en neurociencia nos aportan información relevante sobre cómo funciona el cerebro. Pero, si algo ha sido clave para la neurociencia y todas sus ramas, es el desarrollo de modernas tecnologías que permiten analizar el cerebro humano en vivo.

Por ejemplo, estudios empíricos arrojan información relevante respecto al efecto del estrés en nuestro organismo. La prolongada exposición al estrés crónico altera la producción de sustancias químicas, cuyo exceso o insuficiencia termina socavando nuestra salud. En este sentido, elevados niveles de cortisol causan atrofia en una estructura del cerebro llamada hipocampo, lo cual genera alteraciones de la memoria y de ciertos procesos de aprendizaje. Al mismo tiempo, la producción elevada de esta hormona provoca un alargamiento de otra estructura del cerebro llamada amígdala, lo que redunda en niveles elevados de ansiedad y cuadros obsesivo-compulsivos.

Del mismo modo, los neurocientíficos aportan gran conocimiento sobre el impacto del ejercicio físico en la salud. Por ejemplo, evidencia empírica señala que hacer ejercicio físico regularmente modifica el entorno químico y neuronal de nuestro cerebro, lo que facilita el aprendizaje.

También, se ha encontrado que la actividad física genera dopamina, serotonina y noradrenalina. Estas sustancias químicas están vinculadas con el estado de alerta, la atención y la motivación, y también son esenciales en el proceso de aprendizaje. Asimismo, ciertas moléculas que se segregan a través del ejercicio físico mejoran la plasticidad sináptica, es decir, fortalece las conexiones neuronales que nos permiten aprender.

Aportaciones como estas son de gran valor para la educación, al tiempo que rompen con la idea de que el ejercicio físico es secundario ante su “efecto mínimo” sobre el aprendizaje. Por el contrario, estudios revelan que el rendimiento académico de los niños en las pruebas cognitivas aumenta tras una sesión de ejercicio físico, especialmente cuando la complejidad de la tarea es mayor.

En otros estudios se han obtenido resultados similares sobre su impacto positivo en la atención y en la memoria. Lo mismo ocurre con el arte y el juego, son imprescindibles para el desarrollo cerebral a nivel sensorial, motor, emocional y cognitivo. Inciden, además, en la adquisición de competencias socioemocionales y fomentan el aprendizaje cooperativo.

Otros trabajos enfatizan sobre lo imprescindible que resulta el sueño para el cerebro. Particularmente, en el proceso de consolidación de la memoria y cómo su privación impacta negativamente el aprendizaje, la toma de decisiones y la calidad de vida.

Por otro lado, las técnicas de neuroimagen han demostrado que la práctica de la meditación mejora la actividad de los circuitos de la corteza prefrontal del cerebro, fundamental para mantener la atención. Mientras que su práctica consistente se asocia con cambios en la estructura y el funcionamiento cerebral. De hecho, diversos estudios plantean la efectividad de programas y terapias basadas en mindfulness para multiplicidad de condiciones. Por ejemplo, ponen énfasis a sus beneficios sobre la salud mental, específicamente, sobre la sintomatología asociada con la ansiedad, la depresión y el estrés.

La estimulación mental y física, y cada uno de los aspectos anteriormente establecidos juegan un rol trascendental en la reserva cognitiva. Los neurocientíficos la describen como la capacidad del cerebro para tolerar mejor los efectos del deterioro cerebral sin presentar síntomas. Al tiempo que funge como un factor protector frente a la manifestación clínica de una lesión en el cerebro. Ciertamente, una mayor reserva cognitiva permitiría un rendimiento más eficiente durante más tiempo, por ejemplo, en caso de una demencia. Esto resulta de vital importancia para la enfermedad de Alzheimer, dada la alta incidencia de diagnósticos en Puerto Rico.

Sin duda, las aportaciones de las neurociencias contribuyen a la creación de intervenciones más efectivas. Estamos, pues, ante un conjunto de ciencias que nos aportan una serie de competencias y que cada día construyen nuevos conocimientos que redundan directamente en nuestra salud.

*La autora es psicóloga licenciada con especialidad en consejería psicológica.