¿Te has preguntado alguna vez qué papel juega la ansiedad en tu vida? La misma posee una función adaptativa, es muy útil en situaciones de peligro porque nos ayuda a protegernos y a responder a las amenazas. Irónicamente, la ansiedad es vista como una enemiga, por lo que evitar y luchar contra las experiencias que producen emociones como estas, es el objetivo central de muchas personas. 

¿Qué es exactamente la ansiedad? 

Conforme al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), los trastornos de ansiedad, entre ellos los ataques de pánico, comparten características excesivas de miedo y ansiedad. El miedo supone una respuesta emocional a una amenaza inminente, real o imaginaria, mientras que la ansiedad es una respuesta anticipatoria a una amenaza futura. Cuando la ansiedad afecta significativamente la funcionalidad de la persona en lo social, laboral u otras áreas importantes de su vida, entonces estamos hablando de un trastorno de ansiedad. 

Es importante mencionar que los trastornos de ansiedad se diferencian entre sí, según el tipo de objetos o situaciones que inducen el miedo, la ansiedad o las conductas evitativas. Por ejemplo, hay personas que sienten miedo a las arañas, otros al abandono, a las situaciones sociales o bien podría ser una sensación general de ansiedad. 

Ahora bien, el miedo es una alarma que resulta muy beneficiosa en una situación de amenaza real. En el momento que identificamos un peligro, de inmediato nuestro sistema nervioso se activa y envía múltiples respuestas, todas con el único objetivo de prepararnos para la acción. Como es una reacción automática, las zonas de nuestro cerebro encargadas del razonamiento no están implicadas en este proceso. Así pues, nuestro cuerpo se organiza para la “respuesta de lucha o huida”. Es decir, se prepara para luchar contra la amenaza o huir en búsqueda de nuestra seguridad. Cuando esto ocurre, por ejemplo, los latidos del corazón aumentan su velocidad y fuerza para llevar oxígeno a los músculos de los brazos y las piernas, y ayudarnos a responder con mayor efectividad a la emergencia. Además, se dilatan las pupilas para poder definir mejor las amenazas alrededor, entre otras reacciones. 

Investigadores establecen, precisamente, que la ansiedad incluye tres procesos: el fisiológico, el cognitivo y el conductual. El aspecto fisiológico implica un conjunto de sensaciones corporales, tales como respiración acelerada, taquicardia, mareos, manos sudorosas, inquietud, fatiga, temblores, tensión muscular, así como dolor de cabeza, de estómago y/o de espalda.  El aspecto cognitivo se da en forma de preocupación por el futuro. Mientras que el tercer aspecto envuelve la conducta de evitación. 

Detengámonos un momento aquí, imagina la siguiente escena. Acabas de recibir una oferta de empleo, se trata del cargo de tus sueños y con la remuneración económica que siempre has querido. El pequeño detalle radica en que debes ofrecer un discurso frente a todos los directivos locales e internacionales de la empresa. Llevas años evadiendo exponerte en público, y solo con la idea te imaginas atrancándote con las palabras, con tu mente completamente en blanco, sin poder contestar a las preguntas. 

La imaginación puede estimular poderosamente nuestro cerebro y nuestra mente.  ¿Recuerdas la reacción de la que hablé anteriormente? Es justo lo que te ocurriría. El miedo es una respuesta automática ante una amenaza que percibimos como inminente, sin embargo, la ansiedad implica pensar o imaginar una amenaza que podríamos encontrar en el futuro. Por lo tanto, la ansiedad se define principalmente por la anticipación. Sepa también que toda preocupación es anticipatoria, pues se sitúa en el futuro, y no sobre lo que está sucediendo en el presente. Es ahí donde surge el problema, cuando una persona reacciona con una respuesta de alarma a estímulos que no son una amenaza.

Estrategias 

Ciertamente, la ansiedad puede ser extremadamente incómoda, por lo que es natural querer evitar situaciones que nos generen reacciones fisiológicas desagradables y pensamientos incómodos o dolorosos. Pero, has pensado cómo sería tu vida sin ansiedad. Muchas personas están tan familiarizadas con su ansiedad, que se les dificulta notar cómo afecta su vida. Una mejor comprensión y conciencia de la ansiedad alivia mucho del malestar que nos genera. Además, si prestas atención a los contenidos de tu mente, notarás que ciertos pensamientos incrementan tu ansiedad. Por lo tanto, identificar tus propias señales, las situaciones que te generan ansiedad y cómo está interfiriendo en tu vida, es un primer paso hacia el cambio. 

Una técnica que te podría ayudar es enumerar todo lo que crees que mejoraría si aprendes a manejar lo que sientes. Mas, ¿podrías lograrlo tú solo? Reconocer cuando necesitamos la ayuda de un profesional de la salud mental es un paso igualmente medular. Generalmente, los trastornos de ansiedad se tratan con psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambos, pero solo conocerás el mejor tratamiento para ti cuando acudas a un psicólogo o psiquiatra. 

De otro lado, utilizar un ritmo de respiración relajante y evocar imágenes compasivas, es otra forma que te podría ayudar a exponerte a situaciones que te generen ansiedad. También, escribir frases o pensamientos que contribuyan a aceptar lo que estás experimentando (“muchas personas padecen de ansiedad, así que no es culpa mía; mi ansiedad siempre se calma”, etc.).  Y sí, quizá esta postura de aceptación contraste con tu instinto combativo, pero la lucha contra la ansiedad es considerada por muchísimos estudiosos del tema “como una lucha perdida”, puesto que supone batallar contra nosotros mismos. 

De hecho, las conductas evitativas es uno de los mecanismos más frecuentes para reducir el nivel de miedo o ansiedad. La aceptación implica el no juzgar. Por sí misma la ansiedad no es ni buena ni mala. Si combinas una actitud no enjuiciadora y de no lucha, notarás que las emociones son pasajeras, vienen y van. El verdadero problema radica en enfrascarse en una batalla contra estas sensaciones. Evitar a toda costa situaciones que te generan ansiedad, te está privando de vivir una vida de acuerdo a aquello que valoras. 

*La autora es psicóloga licenciada con especialidad en consejería psicológica.

 

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